*7 1 Q R

FEDERICO ROMERO y

GUILLERMO FERNANDEZ SHAW

LA MOZA VIEJA

ZARZUELA EN DOS ACTOS, DIVIDIDOS EN CUATRO CUADROS

MUSICA DEL MAESTRO

PABLO LUNA

PRIMERA EDICION

MADRID

INDUSTRIAL GR AFíC A.— PALM A, 44 Y DORTE, 21

1931

9 \

LA MOZA VIEJA

Está obra es propiedad de sus autores, y nadie podrá, sin su permiso, reimpri- mirla ni representarla en España ni en los países con los cuales se hayan cele- brado, o se celebren en adelante, trata- dos internacionales de propiedad iliteraria.

Los autores se reservan el derecho de traducción.

Los comisionados y representantes de la Sociedad de Autores Españoles son los encargados, exclusivamente, de conceder o negar el permiso de representación y del cobro de los derechos de propiedad.

Droits de représentation, de traduc- tion et de reproduction, résérves pour tour les pays, y compris la Suéde, la Nor- vege et la Hollande.

Queda hecho el depósito que marca ia ley.

Copyright by Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, 193 1

FEDERICO ROMERO

Y

GUILLERMO FERNANDEZ SHAW

LA MOZA VIEJA

ZARZUELA EN DOS ACTOS, DIVIDIDOS EN CUATRO CUADROS

MUSICA DEL MAESTRO

PABLO LUNA

ESTRENADA EN EL TEATRO CALDERON, DE MADRID, EL 9 DE ABRIL DE 193 1

PRIMERA EDICIÓN

MADRID INDUSTRIAL GRAFICA —PALMA, 44, Y NORTE, 21 193 1

Digitized by the Internet Archive in 2014

I

https://archive.org/details/lamozaviejazarzu495luna

A SEL1CA PEREZ CARPIO, la admirable artista del garbo.

REPARTO

PERSONAJES

ARTISTAS

Rosalía Srta. Pérez Carpió.

Nicasia Sra. Pereira.

La tía Sabina » Galindo.

La Samitier Srta. Eserich.

La Charo » Salgado.

La Huevera Sra. Hernández.

La Membrillero, Srta. Salgado.

El Verderón » Greco.

El Canillejas » Montero.

Pirandello Sr. M arcén.

Pepe el Riojano » García (Juan).

Sidpro «el Tararí» » Hernández (M.).

Ruperto » Vela (Aníbal).

El tío Carrasco » Carrasco.

El «Niño de la Carambola»... » Hernández (E.)

Elizondo » Pros.

Montoya » Gandía.

Venancio » Palomo.

Un mozo de cuadra » Mantilla.

El Melonero » Lardea.

El Bisutero » Seva.

El Alfarero » Rueda.

El Rey del Aluminio » Parra.

El Juguetero » Fernández (Jesús)

El Patatera » Pardiñas.

Un húngaro » González (F.).

El del estandarte Niño N. N.

Un viejo Sr. N. N.

Gente del pueblo. El Ayuntamiento. La banda muni- cipal.

La acción en un pueblo de Castilla. Epoca actuaj.

ACTO PRIMERO

Gran plaza pública de un pueblo castellano. Al fondo, porches y establecimientos de abacería, carnicería, guarnicionería, etc., etc.

A la izquierda del mismo fondo, la torre de la iglesia parroquial, que se pierde en el lateral. Un callejón, simulado, entre las casas de porches y la iglesia.

En el lateral derecho, una posada con puerta practicable. Este edificio se une, en el fondo, con las casas de porches, por medio de un arco, sobre una calle practicable también.

En el lateral izquierdo, la casa de la tía Sabina, en cuya puerta hay colgadas algunas modestas confecciones, tales como delantales de niños, batas y faldas bajeras. Una calle en el último término.

Delante de los porches, dos puestos armados, con toldo de lona y faldas de percalina. Uno de ellos es de juguetería. El otro, de cacharros de hoja de lata y aluminio.

Ante el callejón del fondo, un carro de lanza y toldo, sin tiro. Hacia la derecha, delante de la posada, dos puestos, sobre mantas, en el sue- lo : uno de melones y el otro de loza de barro. En el centro de la escena, otro puesto análogo

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

a los anteriores, de bisutería, envuelta en se- rrín. A ambos lados de la puerta de la tía Sa- bina, sendas banastas de huevos y membrillos. Es de día.

(En cada puesto hay una persona a su cuidado : mw- jeres las de las banastas de huevos y membrillos ; hom- bres en los demás puestos y junto al carro. Serán desig- nados : el Melonero, el Bi- sutero, el Alfarero, el Pata- tero, el Rey del Aluminio, la Huevera y la Membrille- ra. Algunas mujeres discu- rren de puesto en puesto. Un Viejo, con un cesto de esparto al brazo, compra a la Huevera, y, luego, entra y sale en la posada y se acer- ca a otros puestos. Un co- rro de chicas, en el primer término, en el centro. Si- doro el Tararí, con gorra de galón y una trompeta en bandolera, pone un poco de orden entre compradores y vendedores cuando se simu- la al gima discusión.

MUSICA

(A telón corrido, en el pre- ludio, se oye cantar a las niñas.)

LA MOZA VIEJA

9

Chicas. «Carta del rey ha venido

para las niñas de ahora, que se vayan a la guerra a defender su corona. Dame la mano, paloma. Quédate con Dios, pichona.»

{Pregones recitados a uní- sono, en cuanto se levanta el telón.)

Melonero.

Bisutero.

Membrille.

Huevera.

Alfarero.

¡Son de azúcar! ¡Son de almíbar! ¡A los buenos melones de Villapar- dilla! ¡A real! ¡A real! ¡A real! Dos por un real, tres por un real, cuatro por un real... ¡Joyas! ¡Joyas! ¡Collares! ¡Sor- tijas! ¡Todas de oro de veinte qui- late y la propina! ¡Son de París y de balde ! ¡ Esto es de balde ! ¡ Ani- marse, que me voy! ¡Que esto es hoy, y mañana me voy! ¡Al buen membrillo! Para carne y jalea! ¡Membrillo fino! ¡La mem- brillera! ¡Venga parroquia! ¡Dul- ces y carnosos como una buena moza! ¡La membrillera! ¡Huevos de campo! ¡Frescos y gordos! ¡Son como cocos! ¡Fres- cos y gordos! ¿A quién le pongo una docena? ¡A ver! ¡Pucheros y lebrillos! ¡Orzas y cantarillos! ¡No se rajan! ¡No se rompen! ¡La flor del barro fino! Son de la Cartuja! ¡Son de Tria- na! ¡Ole con ole!

10

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Patatero. ¡Esto es manteca pura! ¡Patatas de Burgos ! ¡ Liquido el carro ! ¿ Quién me da una peseta por ei costal ? ¡ Patatero ! ¡ Eh. . . !

Rey alumi. ¡Al rey del aluminio! ¡Chocolate- ras! ¡Ollas de batería! ¡Plata a precio de lata! ¡Sartenes y colado- res! ¡Ahí va el rey de la hojalata!

Juguetero. ¡Oiga! ¡Oiga! ¡Oiga! ¡No se va- ya, que interesa ! ¡ La muñeca me- cánica ! ¡ El ratón y el gato ! ¡ Jue- gos de bolos ! ¡ Ferrocarriles ! ¡ Ae- roplanos! ¡Todo el progreso por un real y medio ! ¡ Oiga ! ¡ Oiga !

Chicas. (Sin dejar de jugar al corro.)

«Tengo, tengo, tengo, no tienes nada ; tengo tres ovejas en una cabaña : una me da leche, otra me da lana, y otra mantequilla para la semana.»

(Mientras la anterior es- trofa, ha hecho mutis por la derecha Sidoro. Dentro, por el mismo lado, suena la voz de un Húngaro .)

Húngaro. Baila al compás del pandero, porque quiero verte bailar. Nada a los niños divierte como hacerte correr y saltar.

LA MOZA VIEJA

¡ Miren la danza del oso

del famoso

circo francés! Desde París ha llegado

fatigado

de andar en dos pies.

(Sale el Húngaro con un oso sujeto por una cadena y seguido de unos cuantos chi- cos. Los que están en es- cena se unen a ellos y for- man grupo alrededor del oso, que baila.)

Coro y Niños. Paso, que llega el gitano ; paso, dejadle cantar. Con el pandero en la mano viene

de otro país muy lejano. Con el gitano garboso, ¡cómo se anima el lugar! Y, tras el hombre y el oso, vamos todos allá.

¡ Gira ! ¡ Danza !

¡Da gusto verle bailar!

¡Y correr,

y saltar,

en dos pies !

¡Vamos allá!

¡ Qué diversión

para el lugar!

(Hacen nwtis el Húngaro y el oso por el últimio térmi- no de la izquierda. Van a

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

marchar tras él los chicos ; pero, en ese momento, por el mismp lado, aparece un muchacho sosteniendo un cartel en formg, de están- darte. En él se lee «Circo Petit Krone», y, debajo del letrero, hay una pantera fe- roz, alargando las uñas, y un león como para que le echen una carta. Los chicos y no pocos curiosos, se de- tienen a contemplar el car- tel, hasta que les llanvg, la atención la pareja formada por Pirandello y Nicasia, pa- dre e hija, que han llegado por la derecha. El viste un terno fantástica: pantalón de grandes cuadros, chaleco de peluche de diván y cha- queta verde botella. Corba- ta con vivos colores y som>- brero hongo. A la espalda, un viejo guitarrón y en la mano un «guiñol», con sus cortinillas y, en la emboca- dura, la leyenda «Teatro de López de Vega (q. e. p. d)y>. Ella viste una bata morada, correo un hábito del Naza- reno, con cinturón de cha- rol, un mantoncillo alfomr bratdo, zapato negro y me- dias de carne clara, Seis o

LA MOZA ViÉjÁ

siete collares en el cuello. En la miaño, octavillas de distintos colores con coplas. Los chicos se acercan con curiosidad al «guiñol». Pe- ro en este momento empie- za a sonar el pasacalle de la banda y se produce un gran revuelo. Abren calle, al fondo ; suenan dos o tres co- hetes y Pirandello y Nica- sia vienen a colocarse a la izquierda, dejando el «gui- ñol» plantado en el suelo. Salen por el fondo dere- cha los cuatro músicos de la banda ; detrás el alcalde y cuatro o seis concejales ; aquél con vara y todos con capotes. Detrás, un grupo de nmjeres con mantones de Manila, sin bordar, y me- dios mantos negros. Cruza esta comitiva hacia el fon- do izquierda.)

Todos los {Después de oír el pasodoble de de escena. la banda, dentro, y mientras que la comitiva cruza ya la plaza.)

Con las alegres notas

del pasodoble, las penas y los males,

hay que olvidar. Y el pueblo contagiado

por su alegría,

ROMERO Y FERNANDEZ SHÁW

también quiere cantar el pasodoble popular. «Be jarano, Bejarano, si te ponen seis miuras mano a mano, ni te afliges ni te juyes, porque el terno, sin fatigas, te lo engulles.» Chicas. (Reanudando el corro.)

«Que una, que dos, que dos y que tres, salta niña que vas, que vas a perder...» Todos. (Unos a otros, cuando ya la comi-

tiva ha desaparecido por la iz- quierda.)

Esta feria sabré si me quieres o no ; pero no si sabrás que desde ayer te quiero yo.

(Sidoro, que salió detrás del Ayuntamiento, se planta en mitad de la plaza y, con la trompeta, lanza un vi* brante «Tararí». Todos le formftn corro alrededor.)

HABLADO

SlDORiO.

(Leyendo el pregón.)

«Don Silvestre... López de la Hi-

LA MOZA VÍEÍ/A

15

güera... y Fernández Atún..., alcal- de constitucional... de villa de So- tollano... Hago saber...» (Toca la trompeta, nt(uy floreada,) ¡Olé! «Que con motivo de las pre- sentes ferias. se prohibe montar en el carrusel de los marranos..., que asi se llaman, con perdón..., pues el año pasao... le dio al ve- cindario... por llamarle el Ayunta- miento... al susodicho carrusel... ; lo cual el año pasao estaba mu bien puesto..., pero hogaño mandamos nosotros, como puede verse. Item más..., se prohibe comprar altramu- ces..., torráos y alcahués... en el puesto del Valenciano..., porque el dicho Valenciano es librepiensador... y, además, el abrigo que lleva... es ruso»...

Pirandello. ¿Falta mucho? Sidoro. No cortarme, que güelvo a em-

pezar.

Pirandello. ¡A ver si no cortáis!

(Sidoro toca la trompeta.) Nicasia ¡Las mulillas!

(Sidoro la mira.) Pirandello. Cállate, que este pregón es de van- guardia.

Sidoro. «Se recomienda... el puesto de pi-

rulises de Primo Gutiérrez..., por- que el dicho Primo... lo es... del se- ñor gobernador»...

Nicasia. ¿ Ha dicho pirulises?

Pirandello. La cuestión es chupar.

Sidoro. «Otro digo... el que falte a la

16 feOMERO Y FÉRÑAÑDEfc SHAW

misa del Santo Patrón... incurrirá en la pena a que haiga lugar... en justicia... y, si no la hay... la que ordene... el señor alcalde))...

(Trompetazo final.)

MUSICA

Piran dell o. Aprovéchate, Nicasia,

porque hay aglomeración.

(Se pone la guitarra en fornua.)

Nicasia Eso estaba reparando.

Esta que es ocasión.

(Recitado,)

¡Es la canción de moda en todas las grandes capitales de España y del extranjero! ¡Tres por una pe- rra gorda!

(Cantado.)

«Yo ya voy pa moza vieja tengo más de veinticinco , y en el pueblo se murmura que me quedo sin marido. ¡ Qué le importará a la gente si me caso o no me caso, ni qué falta me hace un hombre, si he despreciao más de cuatro ! »

Esto a las mozas les digo a voces,

LA MOZA VIEJA

17

pa que se callen

y no alboroten ;

pero en voz baja

le digo al Santo :

«¡Ay, que me muero,

si no me caso ! »

San Antonio, San Antonio bendito ; no míe dejes soltera, por favor te lo pido.

Te prometo, si me safe un marido, dos sayales muy majos y un babero pa'l niño. ¡Ay, San Antonio de Padua! ¡ Ay, San Antonio bendito ! ¡ Ay, no me dejes soltera ! ¡ Ay, por favor te lo pido !

He despreeiao más de cuatro ; pero ¡vaya unos partidos! Uno viudo, ya en terceras ; casao otro con diez hijos ; el tercero era soldado, y, además, era teniente, y era el cuarto cojo y bizco, y así sucesivamente.

¡Dónde los hombres tendrán los ojos, que no se fijan en este rostro !

2

18

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Esas que -encuentran, marido a gusto, ¡ no qué diablos tendrán oculto!

San Antonio, San Antonio de Padua ; ya sabes que tengo buen algibe en mi casa y aunque nunca te he zampado en el agua, no es porque hayan faltado ni motivos ni ganas.

¡Ay San Antonio de Padua! ¡Ay, San Antonio bendito! ¡Mira que soy buena chica! ¡Concédeme lo que pido! Todos. ¡Ay, que le da, que le da!

¡ Ay, que le da el patatús ! ¡ Ay, que le da, que le da ! ¡La culpa la tienes tú!

(Algunos espectadores ad- quieren ejemplares de las co- plas. Entre ellos Sidoro, que mímicamente «castiga» a la Ni- casia. Los demás inician el mu- tis por el fondo izquierda y al fin se van todos por el mis- mo lado, murmurando : ) <

Todos. Está clavada

la Rosalía. La copla es una calcomanía.

LA MOZA VIEJA

19

Se ve a la legua que la canción se la cantaron con su intención. (Mutis.)

HABLADO

PlRANDELLO . ¿ Cuánto ?

Nicasia. Una ochenta.

Pirandello. ¡ Qué éxito ! Se ve que aquí hay afición. Pues no te digo nada cuan- do debutemos. (Señalando al guiñol.) Me parece que cubrimos el abono.

(Sale de su casa la tía Sabina, vestida para la función religio- sa y algo descompuesta.)

¿Quién ha cantao esas coplas tan indecentes ? ¿Qué? Señora... ¿A ver?

(Le arranca a Nicasia de las manos los ejemplares que le quedan) los rompe , arroja al suelo los pe das os y los pisa.)

¡Así! Y lo que hice con las coplas lo hago con la coplera y con su pa- dre!

Sabina.

Nicasia.

Pirandello.

Sabina.

20

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

NlCASIA. PlRANDELLO.

Sabina.

PlRANDELLO. NlCASIA.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Sabina. Nicasia.

Carrasco.

Nicasia.

Sabina.

PlRANDELLO.

Nicasia.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Sabina. Nicasia.

¡Ay, mi padre!

¡Calma! ¿Es usté la Presidenta de las Damas Desocupas y Cate- quistas ?

¿ Qué me ha llamao ?

{Lanzándose sobre él. En este momento sale, por el fon- do derecha, el tío Carrasco, con un cesto de esparto lleno de verduras.)

¡ Señora !

¡ Padre !

¡ Cuidiao !

¡Que me araña!

¡ Miau !

¡ Zape !

{Sabina, forcejeando con Pi- mndello, lo sienta sobre la ba- nasta de los huevos.)

¡ Sabina ! ¡ Arrea ! {Apartándose.) ¡Así!

¡ Lo fácil que es hacer una tortilla ! Y ahora, ¿qué hacemos, padre? Ahora, puede que haya chuletas. Pero, ¿qué ha pasao mientras yo en la compra? Pues, na... ¿Na?

{Amenazadora.) Vaya, señora...

LA MOZA VIEJA

21

Carrasco.

PlRANDELLO .

Sabina. Nicasia. Sabina. Carrasco.

PlRANDELLO.

Nicasia. Sabina.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Carrasco.

Sabina.

Carrasco.

Nicasia.

¿ Ustés son feriantes ? Hombre, le diré... Lo mismo hace- mos temporadas de feria que tour- nés internacionales. Cuando estuvi- mos en San Petersburgo, que ahora le llaman Leningrado... Entonces tendrían vergüenza. Y ahora también, ea. ¿Ea?

¿Me queréis explicar? Acabamos de llegar al pueblo. No sabemos na.

¿ Na ? Pues sepan ustés que la Ro- salía no se casa, porque ni ella ni yo queremos ; que naide tié que de- cir ni tanto así y que esas coplas que han cantao se las pueden apli- car a quien les ha mandao cantar- las, yo con qué intención y por cuánto dinero.

(Recogiendo irosos de papel y jutb- tándolos.)

Pero ¿ vienen mandaos ?

Señora, un artista internacional no

se vende por una ochenta.

(Leyendo.)

«Desde que se ha quedao viuda esa respetable arpía, no tiene quién le sacuda, que güeña falta le hacía.» ¿Eh?

¿Esto es por ti?

No, señor, que eso es de «La In- consolable», que está por el otro lao.

22

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

PlRANDELLO.

Sabina.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Sabina.

PlRANDELLO.

NlCASIA.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Carrasco.

Nicasia. Carrasco.

Una cosilla de Béequer que no va- le na. ¡Lo mío es lo otro! ¿Lo otro es de usté?... (Rabiosa.)

Y usté, ¿quién es?

Melecio Cantarranas ; pero to el mundo me llama Pirandello. ¿ Pirandello ?

¡ Na más que eso ! Y no me llaman Calderón de la Barca, porque soy de Burgos.

Güeno, pues usté procure no apa- recer por Sotollano, porque le van a llamar... como quieran..., y no va usté a contestar. ¡Por éstas! (Jurando.)

¡ Ni a la epístola llego !

(Mutis por el fondo izquierda.)

¡ Eh ! ¡ Señora ! ¡ Señora ! Déjela usted, padre. Pero, ¿quién paga ese terremoto hueveril ?

A medias tendrán que pagarlo.

(Llamando.)

¡ Grabiel !

Pero si hemos aplastao más de ocho docenas y yo no llevo más que siete reales.

Ella, la probé hay que ponerse en su caso , porque cuando una hija le sale como la Rosalía...

Y ¿cómo le ha salió?

Pues le ha salió... ¡vamos!, ya usté

comprenderá.

(A Pirandello.)

LA MOZA VIEJA

23

Pirandello. ¡ Je ! ¡A mí!..,

Carrasco. Se lo digo a usté así; pero, a las

claras, yo no se lo cuento. Pirandello. A las claras déjelas usté en paz,

que ya tienen lo suyo.

{Señalando la banasta.) Carrasco. ¡ Grabiel !

{Llamando otra vez en la puerta de la posada.)

Nicasia. ¿Es usté el posadero? Carrasco. El mesmo. Pirandello . ¡ Caracoles !

(Sale un mozo de cuadra.)

Carrasco. Entrate eso y que lo piquen. Mozo. Güeno.

(Mutis a la posada.)

Pirandello. «A fe, hermano hostalero, que no correrán muchos años sin que ten- gáis a honra haber dado albergue a tan principal compañía de repre- sentantes... ¡Manes de Moliere y de Chaquespeare ! »

Carrasco. Déjese de latines, y... ¡al grano!

Nicasia. Al grano, padre, que estoy desfa- llecía.

Pirandello. ¿Tiene usté habitaciones con cuar- to de baño ?

Carrasco. Antes pregunto yo. ¿Ustés son cómicos ?

Pirandello. Cómicos y hasta trágicos.

Carrasco. Ya lo que es eso. Que comen a dos carrillos y se las piran sin pa- gar.

24

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Pirandello. ¡ Calumnia ! Los cómicos de mi com- pañía no comen.

(Saca del guiñol un par de muñecos.) Son almas sin cuerpo. Come esta joven, como yo...

Carrasco. Aquí, ¡ni una miga! Que le he oído decir que no lleva más que sie- te reales, y pa usté no me queda ni un cuarto.

Pirandello. ¿Lo ve usté? A todo hay quien gane.

Nicasia. Tenga usté buen corazón, hermano hostalero.

Pirandello. Hasta que demos la primera repre- sentación. Pograma: A las cinco, «La Malquerida». Cinco actos.

Carrasco . ¿ Cinco ?

Pirandello. Tres, de Benavente y dos, míos.

A las seis, «Galas de la Nicasia». Revista. A las seis y media, «La suegra cariñosa». Drama inverosí- mil. A las siete, sinfonía por el jaz- band y fin de fiesta.

Nicasia. ¡Y a las siete y media, cobra!

(El tío Carrasco hace signos nega- tivos.)

¿Qué dice usté? Pirandello. Que se planta con cinco. Carrasco. Pagando adelantao, lo que quieran. Pirandello. Así m/e meto yo a fondista ; mira

éste.

Carrasco. ¡Con lo que cuesta tó!

(Marchándose a la posada.)

Nicasia. Que no le pesará, si nos admite a crédito.

LA MOZA VÍEJA

25

Pirandello . Que yo no soy de los que se las piran.

Carrasco. ¡Vaya! ¡Vaya! Que a usté..., ¡por algo le llamarán Pirandello !

(Mutis.)

¡ Qué tío usurero ! Con lo decentísimos que somos nos- otros. ¡ Espera !

(Mirando al puesto de los me- lones.)

Nicasia. ¿El qué?

Pirandello. ¡Un «melondrama». Cuando los is- raelitas estaban a punto de perecer, cayó el maná, que se hallaba es- parcido en el suelo por doquier. (Cogiendo un m/elón.) Y no tenían que hacer más que aga- charse... ¡Toma!

Nicasia. ¿ Qué <es esto ?

Pirandello. El maná.

(Cogiendo dos membrillos.) ¡Toma! Dos membrillos pa hacer carne.

(Acercándose al carro.) ¡ Toma ! Tres patatas.

Nicasia. Pero, ¿qué hago yo con todo ésto?

Pirandello. Pues un bisté de membrillo con pa- tatas y, de postre, maná.

(Una tos interior.)

Pirandello. Nicasia.

Pirandello.

Nicasia. Que viene gente, padre. Pirandello. Disimula. ¡Hija mía, lo que han

26

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

subido las subsistencias en un mo- mento !

(Guardándolas en el escena- rio del guiñol.)

Ruperto. (Que sale por el fondo iz-

quierda. Es un hombre de trein- ta años, vestido majamente, en estilo pueblerino.) Estos son. Pirandello. (Aparte a Nicasia.)

¡Que nos ha visto, Nica! Nicasia. ¡A la cárcel vamos!

Ruperto. Güeñas, amigos. Pirandello. (Con la risa del conejo.)

¡Je, je! Nicasia. ¡Je!

Ruperto. ¿Con que ustés son los de las co- plas ?

Pirandello. (Poniéndose en guardia de boxeo.)

¡Mi madre! Nicasia. Verá usté, nosotros... Ruperto. Están mu bien ; pero que mu bien... Pirandello. ¡Pchs! ... No están mal. Tienen su

hipérbaton y su onomatopeya... Ruperto. Yo en eso no me he fijao.

(Sacando un ejemplar y mirándolo.)

¡Ah, sí! ¡Aquí están! A ésto, en

Sotollano, le llamamos «clarín» y

«vihuela».

Nicasia. ¡Ah, sí! Usté se refiere a los grabaditos... ¡Claro, padre! Si es que usté a le pone motes.

Ruperto. Sembraos estuvieron con venir a cantarlas en la mesma puerta de la Rosalía, la de las batas Ford; que

LA MOZA VIEJA

27

se quea solterona como yo me que- dé señalao de la viruela.

Nicasia. Y eso, ¿por qué es?

Pirandello. Por no vacunarse.

Ruperto. Ella se ha fastidiao, por su coque- tismo ; que yo mujer tengo, y tan guapa y tan garbosa como la pri- mera. Y, si la quise a la Rosalía, pué que fuera un capricho de los Veinte años. ¡La edá!

Pirandello. De esa edá no he salido yo todavía.

Nicasia. Padre, que se lo escribo a madre.

Pirandello. Calla, mecanógrafa.

Ruperto. Ahí va.

(Dándole dinero.)

Pirandello. ¿ Quién le ha mandao a usté que me

den dos duros? Ruperto. Mi capricho. Pirandello . ¡ Rediez ! Nicasia. Y eso, ¿pa qué? Ruperto. Pa ná. Por las coplas. Pirandello. (Recogiendo rápidamente todos los

papeles del suelo.)

Nicasia, ayúdame. Ruperto. ¿Qué hace usté ahí? Pirandello. Recogiendo la edición. Ruperto. ¡Taday! Esos cuarenta reales son

por haberlas cantao en este sitio. Y

vez que las canten, cuando haiga

mucho público, un duro más. Nicasia. Le advierto a usté que la madre de

la Rosalía...

Pirandello. Que con un duro no hay ni pa ta- fetán.

Ruperto. Usté las canta porque yo lo man-

28

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

do, que soy el hijo del señor al- calde.

Pirandello. {Tragando saliva.)

¡Bue..., bueno! Ruperto. Y hasta más ver. Pirandello. ¡A..., adiós I

{Mutis de Ruperto por el fon- do derecha.)

Nicasia. Padre: a mí..., ¡a no me gus- ta ese hombre!

Pirandello. Me alegro, porque es casao.

Nicasia. Y aquí hay gatuperio. Nosotros, inconscientemente... ¿No es eso?

Pirandello. Eso es. ¡Adverbio!

Nicasia. Hemos armao aquí un batiburrillo con la canción de «la moza vieja».

Pirandello. Ya ves: más inocente que, el bicar- bonato. Y, a propósito de bicarbo- nato : Vamos a almorzar. ¡ A ver ! ¡El huésped! ¡Ah, de la venta! ¡Ah, del Palas Hotel de Sotollano del Arcipreste!

{Cogiendo el guiñol. Sale el tío Carrasco.)

Carrasco. Pero ¿qué pasa?

Pirandello. ¡A ver! Un cuarto, un departa- mento, un pollo asao, magras con tomate.

Carrasco. Eso digo yo.

Nicasia. Paso, méndigo.

Pirandello. {Arrojándole los dos duros f uno detrás de otro, al suelo.) ¡Lúculo come en casa de Lúculo! Penetra, Nica.

LA MOZA VIEJA 29

(Mutis de Ni casia. La sigue Pirandello, y se le cae una pa- tata del guiñol.)

¿Qué es esto?

(Cogiéndola, después de ha- ber cogido los dos duros.)

¡Una patata! ¡Gajes del oficio!

(Y entra triunfador, seguido por el tío Carrasco.)

MUSICA

Pepe el (Dentro.)

r i o j a n o. ¡Arriba los corazones, mocitas de Sotollano! ¡Arriba los corazones, que aquí llega el Rio j ano con dos repletos arcones de joyas de similor y cien alegres canciones que son cien coplas de amor!

(Sale por el fondo izquier- da, llevando del diestro un ca- ballo enjaezado y con dos ca- jas de género a ambos lados del lomp. Pepe lleva en la ma- no la vara de medir y al hom- bro una manta de colores. Un chico, que viene con él, se hace cargo del caballo, entrándolo en la posada.)

Carrasco.

Pirandello.

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

No hay nadie. ¡Qué extraño! No oyeron mi voz. Mocitas de Sotollano, arriba los corazones, que aquí llega el Riojano. ¡Oíd su pregón!

¡Ya estoy aquí! Pensando en vosotras vengo. Si estábais pensando en mí, ¡qué suerte más buena tengo!

¡Vamos a ver en donde están las mocitas, que hay mucho donde escoger, y cosas muy rebonitas!

Traigo ricos abanicos para las enamoradas, cárcel de los suspirieos, mirador de las miradas. Una peina de oro traje, linda como una diadema, y una mantilla de encaje que es una espuma de crema.

La gente del pueblo

bien se hace rogar.

Galanes de Sotollano, venid a ver mi tesoro con el dinero en la mano.

¡Venid a comprar!

Vengan aquí los mozos cortejadores

LA MOZA VIEJA

que quieran lograr el del dueño de sus amores.

Una mujer, de corazón amoroso teniendo donde escoger, prefiere al más generoso.

Tengo un mantón de la China con unos flecos de a vara, y una pañoleta fina que hace muy bien a la cara. Y en mis arcas escondido viene el Amor de las Bellas, que es un perfume escogido que no se vende en botellas. ¡ Se vende la gloria de un día día de sol!

¡Arriba los corazones, mocitas de Sotollano! ¡Arriba los corazones, que aquí llega el Riojano con dos repletos arcones de joyas de similor y cien alegres canciones, que son cien coplas de amor!

HABLADO

(Sale de la posada el Mozo de cuadra.)

Pepe. ¡Muchacho! ¿Quién es el dueño

de la posada?

32

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Mozo. Pepe. Mozo. Pepe.

Mozo

Pepe.

Rosalía.

Pepe.

Rosalía.

Pepe.

Rosalía.

Pepe.

Rosalía. Pepe.

Rosalía.

El tío Carrasco.

El mismo.

¿Usted lo conoce?

Hace tiempo que no vengo por aquí.

Dale pienso al jaco.

(Medio mutis del Mozo.)

Nadie hizo caso de mi pregón. Están toas en la misa.

(Mutis.)

(Evocador y mirando a la casa de Rosalía.)

¡Sotollano! ¡Cuánto he soñado contigo !

(Sale Rosalía de su casa, com puesta para la función. Seria, como quién ha llorado.)

\ Pepe !

Rosalía... ¿Quién es tu marido? ¿También te burlas de la moza vieja ?

¿Vieja tú, muchacha?

Pa moza, sí. ¿A qué vienes, Pepe?

Te lo diré de pronto, pa que veas

que lo traigo pensao. ¡A casarme

contigo !

¿ De veras ?

De veras.

(Pierde el habla Rosalía y casi se desmaya.)

Rosalía, ¿qué tienes?

Me estoy muriendo de alegría. ¿ No

me engañas, Pepe?

ÍÁ MOZA VIÉJÁ

Pepe.

Rosalía. Pepe.

Rosalía.

Pepe.

Rosalía.

Pepe. Rosalía.

Pepe. Rosalía.

Pepe. Rosalía.

Pepe.

PlRANDELLO.

Te juro que no, por la salú de dos ángeles que tienen que sentarse a tus pies, pa que parezcas la Concep- ción de Murillo. ¿Hijos tuyos?

Cuando me importa su salú... ¿Los

vas a querer?

Sí.

Pues... llama a tu madre. A la iglesia voy. A que me vean... A que mi madre se entere... A que la Virgen de la Esperanza se fije en mí, una vez más, y me diga con su mirada : ¿ Te lo decía yo, Rosa- lía?

¡Que nos casamos! Sí, Pepe... ¡Cuanto antes! no sabes cómo te esperaba. Cuando menos sabía de ti, que no he sabio na en siete años, más y más te veía venir... ¡Tenía que ser! Y ya ha sido.

¡Dios te lo pague, Pepe! no sabes lo que es... Pero..., ¡bueno! No empáñenlos esta felicidá, clara como el cristal de un arroyo. Espé- rame, que vuelvo. No te muevas de aquí.

Aquí te espero.

¡ Dios te lo pague ! ¡ Tenía que ser ! ¡ Tenía que ser !

(Mutis por el fondo izquierda.)

¡Lo que alegra el alma dar una alegría !

(Que ha aparecido en la puerta de

3

34

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

la posada, apenas ella ha marchado.) ¡Castigador!

Pepe. Pero ¿es usté, señor Pirandello?

Pirandello . Ven aquí, barbián.

(Se abrasan.)

¿ Cuántos meses hace que no nos vemos ?

Pepe. Cinco meses y un día. Desde la

feria de San Prudencio, en Alava.

Pirandello. ¡Ele! Acababa yo de llegar de Cris- tianía..., que ahora le llaman Oslo.

Pepe. Usté siempre tan imaginativo.

Pirandello. Y tú... ¿Quién es esa buena moza, so Hernán Cortés ?

Pepe. ¡ Casi nadie ! ¡ Mi novia ! ¡ Rosalía !

Pirandello. ¿La de...? ¿La de ahí?

(Señalando a la casa.)

Pepe. , La misma. Llegué, la vi, la pedí, me dijo que sí...

Pirandello. Pepe..., que te veo en coplas con música de Guerrero.

Pepe. ¿ Qué dice usté?

Pirandello. Que yo a costa de un amigo no quiero lucrarme.

Pepe. Pero, ¿es que Rosalía...?

Pirandello. ¡Uf...! acabas de llegar; pero yo llevo aquí bastante tiempo y de eso un rato.

Pepe. Cuénteme usté, por Dios.

Pirandello. Esa mujer es una Musolina. Tiros y revoluciones ha habido por sus cosas y hasta a me ha costao al- gún azote.

Pepe. ¿A usté?

Pirandello. (Alzándose la americana.)

LA MOZA VIÉJA

35

Pepe.

PlRANDELLO.

Pepe.

PlRANDELLO.

Pepe.

PlRANDELLO.

Mira dónde tengo marcás las yemas. Pero ¿ qué motivos ha dao Rosalía pa que ocurra todo eso ? Cuando ves un queso en un es- caparate un mes y otro mes, ya sea manchego, ya de bola, ¿qué se te ocurre pensar? Que es caro.

O que es falsificao. Porque el de bola casi siempre es de mentiriji- llas. Pues con la Rosalía, al parecer, ocurre algo análogo, que quiere decir parecido, semejante o sine qua non. ¡Veintinueve años tiene! ¡Y soltera! Aquí donde las mozas se enlazan a los diez y seis o diez y ocho, y algunas nacen casás. ¡ Valiente delito ! Pero, cuando hay sus razones...

((Os olhos requerem olhos, os coragóes, coragoes ; tambem as boas palavras requerem boas rasoes.»

Cantar portugués, que yo me apren- dí en Braga..., que ahora creo que le llaman Culote. Pepe. Vamos, hable usté claro, amplíe,

concrete...

Pirandello. Pues... ¡ vaya ampliación! Pero de esto..., ¡ni media sílaba! ¡Pa ti y pa mí! Esa mujer tié una man- cha antigua. Pa borrarla cosa ex- plicable— ha apelao a to : a un chó- fer, a un químico, a un escribano,

36

romero y Fernandez sháw

que era capaz de raspar la palabra «cinematógrafo)), sin que se le co- nozca ¡ni la hache! Pero la man- cha ca día es más grande, porque todos los que se arriman a ella, con el raspador, huyen. ¿ Por qué ? ¡ Ah ! Y no es lo malo que huyen, sino que cuentan y no acaban. ¡ Pobre mujer ! Y, ahora, no me llames ima- ginativo, porque estás hablando con la «Hoja Oficial».

Pepe En realidá... Sí... ¡Claro! ¡Si lo veo

claro ! ¿ A qué vienes ? ¡ A casarme ! ¡Dios te lo pague!... ¡La mato!

Pirandello. No, eso no. Vamos a tomarnos unas tintas, que en este pueblo hay un vino que monda. ¡Anda, Otello!

Pepe. ¡Vamos!

(Medio m<utis por el fondo izquierda.)

Pero, ¡si no es posible! Pirandello. To es posible, Pepe. ¿No me ves a de pueblo en pueblo y a Azorín en la Academia?

(Mutis de los dos.)

MUSICA

(Salen por la derecha ocho hombres de distintas edades, con blusas cortas, calzones con soguillas en las corvas, somr brero pavero y un cesto de es-

LA MOZA VIEJA

37

parto al brazo, lleno de vian- das. Con ellos, Sidoro,)

Coro. Lo más seguro,

llegando fiestas, es que te suban las subsistencias. ¡Cómo está todo! ¡Válgame Dios! ¡ No hay quien se muera de indigestión!

Sidoro. Sos quejáis de vicio.

Todo está arreglao. Coro. ¡Cómo se conoce

que no te has casao!

Media libra de cabrito

cuesta un ojo de la cara. Sidoro. De cabrito, en estos tiempos,

me parece que es barata. Coro. Un pimiento es un diamante.

Sidoro. No me importa a un pimiento.

Coro ¡ Las patatas, por las nubes !

Sidoro. ¡Los melones, por los suelos!

Coro. Y, en volviendo de la compra...

Sidoro. La parienta os va a zurrar.

Coro. La parienta es, de seguro,

lo que me ha costado más.

Sidoro. ¡Cásate y tendrás mujer,

Antón ! ¡En la casa serás -el rey!

38

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Pero sale respondona..., ¡y no dudes de que harás el buey !

Coro. Cuidao, Sidoro,

que yo no siso, que yo la friego, que yo la guiso... Y eso no quita pa que >en la parva yo sea un hombre con toa la barba.

Sidoro. Al principio sos mimaban

cariñosa y dulcemente.*

Coro. ¡Cómo lo has adivinao!

¡ Ni que hubiás estao presente !

Sidoro. Las mandábais a la porra.

Coro. Y ellas iban tan contentas.

Sidoro. Les pedíais cuatro cosas...

Coro. Y nos daban cuatrocientas.

Sidoro. Pero un día, por desgracia...

Coro. Nos quitaron el poder.

Sidoro. Y a un marido que no puede

lo avasalla la mujer.

Todos. ¡Cásate y tendrás mujer,

Antón ! ¡En la casa serás

el rey! Pero sale respondona..., ¡y no dudes de que harás

el buey!

(Mutis por el fondo izquier- da. El último, Sidoro.)

LA MOZA VIEJA

39

HABLADO

NlCASIA

SlDORO.

NlCASIA.

SlDORO. NlCASIA. SlDORO.

NlCASIA. SlDORO.

NlCASIA. SlDORO.

NlCASIA.

SlDORO.

NlCASIA.

(Saliendo de la posada.) ¿ No iba por ahí el pregonero ? (Llamándole.)

¡ Eh ! ¡ El del instrumento !

(Volviendo.)

Oiga, joveneita. Eso de llamar a los hombres, aquí está mu mal mirao.

Es que yo no le he llamao como hombre.

¿ Pues como qué ? Como correveidile municipal. (La amenaza con la trompeta; pe- ro al ver la cara de ella, sonriente y gachona, se contiene y se aparta con un gesto expresivo, volviendo la cabeza para mirarla.) Tié una caída como pa fraturarse el cranio.

Oiga usté, grullo. ¡Cudiao! Que yo he servio en Hú- sares de Pavía. Estaría pa comérselo. ¡ Psch ! No me coacione con el rabillo del ojo... ¡So elegante! ¿Usté es capaz de un sacrificio por una mujer?

Por una mujer, soy capaz... ¡de ba- ñarme !

¿ Me quiere usté decir por qué mo- tivo a la inquilina de ese almacén de batas y baberos le tié mala ley el hijo del señor alcalde?

40 ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Sidoro. ¿Ruperto? ¡Carabina! Porque le

hizo una mu soná.

Nicasia. (Cogiendo la trompeta.) ¿Como ésta?

Sidoro. ¡Más! Ha resultao mu frivola la

Rosalía. Usté supóngase que ya hace años cuando más encalabri- nao estaba con ella el Ruperto, que ya la iba a pedir relaciones de un día pa otro, tal día como ayer, llega un feriero, uno de esos que lo mesmo venden calcetines pa los pies que antipirina pa la cabeza. Y ella va..., y le hace cara. ¡A un fo- rastero, joven, que si está en el po- der nuestro partió le cuesta diez años de cárcel!

Nicasia. Vamos, como si usté se fija en y yo me hago querer.

Sidoro. Si yo me fijo y usté hace eso, me cuesta cadena perpetua.

Nicasia. Era una hipótesis, ¿eh?

Sidoro. ¿Qué?

Nicasia. ¡ Una hipótesis !

Sidoro. ¡Ah! Güeno. Ya lo pa siempre.

Nicasia. Al cuento, al cuento... ¿Todo eso es lo malo que hizo esa muchacha?

Sidoro. Hizo más. Habló con el feriero dos

o tres noches en la ventana, que da a la parte de atrás, en un sitio os- curo. ¡Y sin reja!

Nicasia. ¡ Qué barbaridá !

(Irónica.)

Sidoro. Es gordo, ¿eh? Pues, así que se acribó la feria, el feriero desapare-

LA MOZA VIEJA

41

ció... ¡y hasta ahora! Y es lo que aquí decimos :

El que entra en un melonar y luego sale de naja, o ha visto al guarda venir o es que el hombre ha sacao raja.

Nicasia. Y este pueblo es un melonar, por lo que se ve.

Sidoro. Yo... no me casaba con la Rosalía por na del mundo.

Nicasia. ¡Claro, hombre! ¡Casarse con una pécora así un suscritor del «Pino- cho» !

Sidoro. No es sólo por eso. Es que si me caso con la Rosalía, ¿ cómo voy a casarme con usté, que es mi verda- dera osesión desde hace tres me- nutos ?

Nicasia. ¡ Aaaay ! ...

(Muy chulona.) ¡ Papá ! (Llamando.)

Sidoro. Pero ¿es que tos los días cae por el pueblo una hipótesis tan requeto- billera como usted? ¡Mermelada! ¡ Superproducción !

Nicasia. No me castigues, Chevalier.

(Por el fondo izquierda, la tía Sabina, jocunda, or güilo sísimfo, quitándose el manto.)

Sabina.

Me alegro, hombre. ¡Vaya si me alegro !

42

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

SlDORO.

Sabina.

Nicasia. Sabina.

Nicasia. Sabina.

Nicasia.

Sidoro.

PlRANDELLO.

¡ Arrea ! . . . ¡La pantasma ! No te vayas, tú, alcotán ; que pae- ces un alcotán diseeao. Y usté, ¡so vedette !

Gracias, no es pa tanto. No se vaya tampoco, que dentro de cinco menutos me va usté a re- petir las coplas ; pero pa sólita. Usté disimule la casualidá. ¡ La casualidá ! Paece que nos aman- samos. ¿Y el repostero ese que la acompaña, el de los huevos moles ? {Marcando la banasta.) Aguardarse tos, que ya va a salir el sol de la justicia y tos van a be- sar por donde la Rosalía pise. ¡ Qué risa! Pero, ¡qué risa! ¡Já, já, já!

¡Se me tronchan los vacidos!

¡Hum... ! ¡Víboras!

{Mutis a su casa.)

No, no... Cuando salga con el ver- gajo, a no me pesca.

{Mutis a la posada.)

A mí, ni con el vergajo ni con un garlito. ¡Carabina!

{Mutis por el fondo derecha. Por la izquierda, vuelven Pi- randello y Pepe.)

Ya lo has visto, Pepe. No ostan- te, acuérdate de aquello de

Al rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor.,.

LA MOZA VIEJA

43

Pepe.

Piran dell o . Pepe.

Pirandello.

Pepe.

Pirandello.

¡si quieres, te convido

a cenar, Comendador ! No diga usté tonterías. De «El orgullo de Albacete», na más.

¿ Pa qué me ha lleva o usté a la ta- berna ? ¿ Pa oírles a todos pisotear a esa mujer en su fama ? ¿ Has comprobao? Pues da gracias a Dios y a mí, porque te haigan abierto los ojos.

¡Mira si llego a caer! Se ríen poco de Pepe el Rio j ano.

{Empiezan a sonar las cam- panas )

Ya salen de misa.

(Se abrocha la americana con un ademún enérgico.)

Ahora vendrá esa moza. ¡Y la huevera!

(Coge un paño y cubre con él la banasta de huevos. Salen por el fondo izquierda, el Patate- ro, el Rey del Aluminio, dos Viejas, que se van por el fon- do derecha, y tres Chicas. Al ver a éstas , Pirandello las llama.)

¡ Mira qué guapas ! Esta morenu- cha es la mar de salá. ¿Te gustan los cacahués? Toma, rica. Y tú... Y tú... Andar... Sentaros aquí a coméroslos.

44

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

(Sienta a una de las chicas en "la banasta, que, con sus amigas, se come tranquilamen- te el obsequio del artista inter- nacional.)

MUSICA

(Van saliendo las gentes de la iglesia ; entre ellas algunos de los vendedores, que ocupan sus puestos y atienden a los pa- rroquianos. En su momento , Rosalía y dos o tres amigas.)

Pepe. No pongas tus ilusiones

en una desconocida,

que la mujer es alhaja

y, a veces, bisutería.

Los sueños del corazón

no deben improvisarse,

porque echan mucha raíz

y duele que los arranquen. Rosalía, (M salir, a sus amigas.)

Ese es el hombre

que me quería.

Con él soñaba

de noche y dia.

Vais a escucharlo,

gracias a Dios.

¡ Pepe !

Pirandello. (A un ademán violento del Riojano.) ¡ Cuidado !

Pepe. (Volviendo la espalda a Rosalía.)

¡Va a ser mejor!

LA M025Á VÍEJÁ

Coro. ¿ Quién es ese buen mozo ?

¿ Qué dice ? ¿ Qué pasó ? Cuando ella le llamaba, la espalda le volvió. Rosalía. (Acercándose a Pepe.)

Pepe, ¿por qué al mirarte

vuelves la cara? Diles que me quieres

con toda el alma. Mira que necesito

que lo publique

tu misma lengua, porque no es suficiente,

¡ cariño mío ! ,

que yo lo sepa. Pepe. Nunca pensar po Iría

que tu mirada fuera como un destello

de piedra falsa. Rosalía. Pepe, que no te entiendo,

que me atormentas

con tus palabras. Pepe. ¡ Bueno ! Si no me entiendes

que te lo expliquen

en Salamanca. Coro. Quiso engañarle

la Rosalía, mas, por lo visto, la conocía. Pudo buscarle la perdición.

(Entretanto, ha salido entre nuevos grupos la tía Sabina, que al darse cuenta de lo que acontece, se abraza a Rosalía

46

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

emocionada, sin fuerzas Q/mv has para protestar.)

Sabina. ¡Hija!

Rosalía. ¡Mi madre!

Coro. ¡Qué sofión!

Pepe. Mirando estoy a los ojos

de todos los que te miran y en todas las caras veo la estampa de la malicia.

Rosalía. (Reaccionando.)

Si en todos mirando estás la sombra del malicioso, ¿por qué tus ojos no ven lo claros que son mis ojos?

Pepe. Es tarde, Rosalía,

para estudiar.

Coro. Sobre este sucedido

no hay más que hablar.

(A unísono, con Rosalía y coro.)

Pepe. ¡Cómo se desvanecen

mis ilusiones ; Sendas de abrojos veo

que eran de flores. Quiero que se me olvide

la ¡lucecita

de esta ilusión, para que no me ciegue

la llamarada

de aquel amor.

Ya los caminos, que eran de flores, parecen sendas de perdición.

LA MOZA VIEJA

4?

Rosalía. ¡ Virgen de la Esperanza,

no míe abandones ! Sabes que no merezco

que me abochorne. Mira, Señora Virgen,

cómo han herido

mi corazón. Tengo también clavadas

las siete espadas

de tu dolor.

¡Ay, Virgen mía,

no me abandones

en estas horas

de turbación ! Coro. El mozo está seguro

de su razón ; y, aunque ella lo pretenda,

no habrá perdón. No habrá perdón,

ni tanto así

de compasión.

Quiso engañarle

la Rosalía ;

pudo buscarle

la perdición. Rosalía. (En un arranque.)

Una mujer que se porta como se debe portar, ¡jamás delante de gente se tiene que avergonzar! Pepe. ¡ Por tu conducta pasada

te tienes que avergonzar!

(Vuelven a sonar alegremen- te campanas. Pirandello con- duce a Pepe hacia la posada y

48

áOMÉRO Y FERNANÍ)¿2: SHAW

Sabina lleva a su hija a casa. Cruza de nuevo la escena— aho- ra de izquierda a derecha la comitiva del Ayuntamiento., con la banda, que no toca. Re- nace la animación en la plaza.)

Coro. Esta feria has de ver

muchas cosas aquí ; ¡pero entre todas la mejor es que tu amor es para mil

(Los vendedores, otra vez en sus puestos, pregonan co- me antes sus mercancías. La huevera descubre la catástro- fe de su banasta. Cuando va a pegar a la niña, que está sen- tada encima, sale en defensa de ésta una vecina. Regañan las dos mujeres, y, para apaci- guarlas, interviene Sidoro, que es quien se lleva los golpes. Mientras tanto, cae el telón.)

FIN DEL ACTO PRIMERO

ACTO SEGUNDO

CUADRO PRIMERO

Patio de la posada del tío Carrasco. En el lateral derecho, la puerta de entrada, practicable, en primer término ; una ventana con reja, en el segundo. En el fondo, corredor sostenido por columnas y, debajo del corredor, puerta que comunica con el corral, en el cual se ve algún carro. En primer término del lateral Izquierdo, un hueco entre dos machones de madera, con dos peldaños que llevan a un rellano, en cuyo fondo hay una puerta: la del cuarto de Pepe el Riojano. Del rellano arranca hacia el fondo una escalera, que se supone enlaza con el co- rredor. En el último ítérmino de la izquierda, puerta de un cuarto que se supone bajo la escalera ; es el de los torerillos. Algunos baú- les, maletas o líos de equipaje en el fondo, a ambos lados de la puerta del corral. Varias me- sas distribuidas en el patio, con restos de comi- das en algunas ; es la hora del café, después le mediodía.

(En la mesa de primer tér- mino de la derecha aparecen la Charo y la Samitier, dos tan-

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

guistas de última categoría, con Ruperto y Venancio, un ricacho del pueblo. En la me- sa de prim,er término de la iz- quierda, el Niño de la Carama bola, novillero ; Elizondo, ban- derillero vasco, y Montoya, mozo de espadas gitano. Lps dos primeros tienen puestas las taleguillas, m\edias y zapatos de torear, faltándoles la cami- sa, la faja y la chaquetilla. Montoya, traje de americana y gorrilla de visera. Alrede- dor de esta mesa, pululan el Verderón y el Canillejas, dos maletillas que, a ratos, se sientan en el suelo a roer los desperdicios que les echan los ¿¿toreros», con aire de sufi- ciencia. En segundo término, en una mesa que hay en el centro, Pirandello y Nicasia, atendidos con preferencia y asiduidad por el tío Carrasco. En mesas del fondo, el Rey del Aluminio, con su mujer ; el Bi- sutero con el Alfarero y el Melonero, con su mujer, que amamanta a un chico de manti- llas. Una Moza y el Mozo de cuadra sirven a los comensa- les, Luego llega Sidoro.

LA MOZA VIEJA

51

MUSICA

Ruperto. (Acercándose a la miesa de los to- reros con dos vasos de vino.) ¡Vaya una convidada de vino de la tierra!

Niño. Se estima, don Ruperto.

¡ Por esas buenas jembras !

Ruperto. Acércate Venancio,

un vaso pa Montoya.

(Venancio lo hace.)

Montoya. Por Dió, no molestase.

Yo bebo cuarquié cosa. Nicasia. ¿Usté sabe quiénes son

esos dos huecograbados ? Pirandello. Dos que vienen engañás,

porque creen que hay supertango. Nicasia. Y están atontolinás.

con esos, que son dos pavos. Pirandello. La rubia, es la Samitier,

y la morena, la Charo. Sidoro . (Entrando . )

Güeñas tardes, güeñas tardes. Ruperto. ¿Qué hay, Sidoro? Sidoro. Ya ve usté...

(Señalando a las tanguistas y a Ni- casia.)

Mucho género escogido. Nicasia. Muchas gracias. Sidoro. No hay de qué.

Ruperto. Tío Carrasco: ¡la guitarra! Carrasco. La guitarra, va escapao.

(Mutis.)

52

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Ruperto. Siete copas de «Trec Cepas». Piran dell o . ¡Puén ser ocho? Ruperto . (A firmando . )

¡ To pagao !

RECITADO

Carrasco. (Volviendo con una guitarra.)

¿ Quién toca la guitarra ?

Elizondo. Montoya, que es maestro.

Montoya. Y un poco afisionao.

Elizondo. Cuidao que eres modesto.

Niño. Y er cante, ¿quién se atreve?

Samitier. La Charo entiende de eso.

Charo. ¿ Pa este publiquito ?

Venancio. No hay público más bueno.

(Montoya, que ha tomado la guitarra de manos del tío Ca- rrasco, se arranca con una jal- seta. El tío Carrasco hace otra vez mutis.)

Ruperto. ¡Olé! Venancio . ¡ Que !

(Sidoro se acerca y mira con gran atención las manos de Montoya.)

Elizondo. ¡San Diés! ¡Qué grande es Mon toya !

Sidoro. Eso..., eso lo haré yo el día menos

pensao. Ruperto ¿ ?

Sidoro. En cuanto haiga guitarras de ma-

nubrio.

(Abucheo.)

LA MOZA VIEJA

53

Niño. Venga de ahí.

Sidoro. ¿Yo?

Niño. . Alguien.

Elizondo. ¡Ené! Yo mismo.

Niño. No, hombre, que el zorcico no es

flamenco. Elizondo. El mío, sí. Niño. Amos, anda.

Samitier. Arráncate, Charo.

(Vuelve el tío Carrasco con las copas y sirve a las tanguis- tas. Cuando no queda más co- pa que la de Pirandello, se la bebe Sidoro.)

Charo. ¿Aquí?

Samitier. Pues ¿dónde? ¿En -la Venta de

Antequera ? Ruperto. ¿Usté canta? Samitier. Que si canta : en la mano. Ruperto. Vamos a verlo.

Pirandello. {A Sidoro, al ver que se bebe la copa.)

¡Eh! ¡Que es la mía! Sidoro. Se la debo.

Pirandello. ¡Mi madre! ¡Lo lejos que llega el

soplo del Guadarrama! Carrasco. Calma, que le pongo otra. Pirandello. Gracias, compañero. Montoya. Que se me acaba el disco, niña. Ruperto. ¿Es que hay que pagar?

(Echando mpno al bolsillo.)

Samitier. Póngale usté un duro en la mano, y le canta la buenaventura.

54

HOMERO Y FERNANDEZ SHAW

Charo. ¡ Exagerá ! ¿ Soy yo una desigente ?

(Se bebe el coñac de un traga.) ¡Hala!

(Cuando se dispone a cantar, Se percibe el rumior de gente que cruza por la derecha. Re- vuelo. Alegría.)

CANTADO

Nicasia. (Acudiendo a la ventana.)

I Qué sucede ? Sidoro. Que la banda

por los diestros viene ya. Niño. ¡Es temprano!

Ruperto. No asustarse,

porque no sucede na.

Es que vienen a osequiaíles

con un poco de foxtrot. Niño. Usté siempre tan inmenso.

Charo. Yo prefiero charlestón.

Ruperto. (Asociándose a la ventana, por la

que se ve a los músicos.)

¡Charlestón !

(Ataca la banda un bailable.)

Charo. Vamos a bailarlo.

Ruperto. Yo no doy ni golpe,

y éste, que es Venancio,

ya lo dice el nombre. Niño. Si me lo permite,

yo la haré pareja. Charo. ¡Olé! Elizondo. Y yo, si no falto,

a la compañera. Ruperto. ¡Mu bien!

La moza vieja

(Empiezan a bailar las dos parejas. Apartan Sidoro y Ni- casia, hacia el fondo, la mesa del centro. Entran desde la calle con curiosidad mujeres y honitbres del pueblo. A medida que avanza el bailable, se ani- man, primero, Nicasia y Sido- ro, luego la criada y el mozo de cuadra, y, sucesivamente, Pirandello, con la miujer del Rey del aluminio, y el ATelo- nero, con la suya.)

Los que En California

bailan. me amaba un negro,

y hoy yo me alegro

de verle regular,

porque era un negro

que cada día

se desteñía.

con el calor solar.

Y es que dos negras

californianas

por las mañanas

le daban de, betún ;

porque él ponía

sus ilusiones

en ser botones

del Ideal Rún Rún.

En California

todo es mentira,

y hay quien suspira

por irla á conocer.

Yo no suspiro

56

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

por ese anhelo. ¡A California no pienso yo volver!

(Sucesivamente van sintien- do los presentes el contagio y acaban por bailar todos menos Ruperto, Venancio y Monto- ya, que, como buen castizo, se muestra cariacontecido.)

Todos. En California

me amaba un negro y hoy yo me alegro de verle regular, etc., etc.

HABLADO

MONTOYA.

Niño.

MONTOYA.

Elizondo.

MONTOYA.

Niño.

Ruperto. Niño.

Maestro... ¡Maestro! ¿Que le ha- ya visto yo con mis ojos? ¿Qué?

¡Al Niño de la Carambola, de la escuela rondeña, bailando el char- lestón ! ¡ Mare de mi arma ! eres del siglo diesiocho o así. Yo soy de Graná. Bueno... (A Ruperto.) ¿Convidamos a

Ya «está. (Asomándose.) Señores... Entrar algo.

los del Empastre?

ustes a tomar

LA MOZA VIEJA

57

(Entran los músicos y se sientan en una mesa del fondo, donde el tío Carrasco y el mo- zo de cuadra les sirven café. Allí permanecerán todo el cua- dro. Los del pueblo, el Rey del aluminio, el Melonero, sus mu- jeres, el Bisutero y el Alfarero, se van a la calle.)

Hay que vestirse, Niño. Amos allá

Le vi a bridá a usté el colorao. Y si no le cortamos las dos orejas..., me corto el pelo al rape. I Queda firmao ? Firmao...

{Mutis de los tres toreros a su cuarto.)

¿Nos vamos pa la plaza? Lo que quiera la Samitier. ¿ Vamos en auto ?

En andas. Venancio, esto es cosa tuya.

¿Ño vienes tú?

Hombre, yo... Si se lo cuentan a la Filomena...

¿Eres casao, mi vida? Casao.

Como a me gustan. ¡Olé!

(Mutis de Charo, Samitier y Venancio.)

ss

ROMERO V FERNANDEZ SHAW

Canillejas. ¿Te has fijao, Verderón?

Verderón. Ni siquiera nos han dao café.

Canillejas. Espás de cartel, que se les suben las orejas a la cabeza.

Verderón. Ya verás, cuanto y yo seamos gente. Los maletas no van a co- mer ni alpiste.

(Mutis por la derecha. Ru- perto, que ha despedido en la puerta de la calle a las chicas , cruza hacia el cuarto de los toreros. Pirandello le sale al paso.)

Pirandello. Don Ruperto..., beso a usté la mano.

(Ruperto le pone la mano, delante de la boca.)

Ruperto. Si es capricho... Pirandello. Era metáfora. Ruperto. Bueno.

(Mutis al cuarto de los to- reros.)

Sidoro. S'ha rajao

Nicasia. Padre : estoy intrigá.

Pirandello. Pues interroga, porque ya sabes

que yo le acierto las charadas a

don Eugenio d'Ors. Nicasia. ¿Es posible que, por dos duros de

hospedaje, nos hayan dao de comer

lo que nos han dao?

LA MOZA VIEJA

59

Pirandello. Irrefutable.

Sidoro. El tío Carrasco es bastante carero.

Pirandello. Inconcuso.

Nicasia. Sí, ¿eh? Pues entre mi padre y yo nos hemos comido, a saber: una tortilla de escabeche como pa una familia numerosa.

Pirandello. De Cuba.

Nicasia. De Cuba o de Marruecos, que hay poligamia.

Pirandello. Si digo el escabeche.

Nicasia. Una fuente de setas,

(Señalando un gran tamaño,) como un estanque.

Sidoro. Cudiao con las setas que, a lo me- jor, son hongos.

Pirandello. No te apures, que a el hongo me sienta muy bien.

Nicasia. Una especie de ragú de cerdo que...

Pirandello. (Dando un manotón en el hombro a Sidoro.) ¡Vaya cerdo!

Nicasia. Y, pa final, aparte los entremeses, que eran como de los Quinteros..., dos pollos a la broche...

Pirandello. ...Que me he tenido que desabro- char. v

Sidoro. Los pollos de Sotollano... tenemos fama.

(Contoneándose, va a reunir- se con los músicos.)

Pirandello. {Cogiendo a Nicasia de una mano y trayéndola al primer término.) ¿Has visto todo ese menú?

60

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Nicasia. Lo he visto y no lo he visto, por-

que estaba famélica.

Pirandello. Piie s eso no es na, comparao con la cena y con el confor. Nos está instalando en el cuarto una ducha rusa.

Nicasia. ¿Una ducha rusa? Pirandello. Sí. Un barreño, una regadera col- y en la paré una vista de Moscú. Nicasia. ¡Qué tío!

Pirandello. ¡Y ha puesto un telegrama pidien- do palillos !

Nicasia. Pero to eso, ¿a qué se debe?

Pirandello. Lo grande es... que no se debe, que le he cogido el truco al tío Carras- co, y que, después de la temporada de feria, hacemos la de otoño y ha- cemos la Pascua.

Nicasia. ¿A quién?

Pirandello. No me tires hachazos, que te arreo un capón.

Nicasia. Pero el tío Carrasco, ¿es un ilu- sionista ?

Pirandello. Algo más : ¡es un dramaturgo ! Nicasia. ¡Arrea!

Pirandello. El no se había enterao de na. No- taba unos ligeros síntomas. Hacía coplas... Le chillaban los oídos... Pero cuando yo le dije que tenía una predisposición bárbara para la es- cena, se ha puesto a régimen y, en menos de dos horas, se le han ocu- rrido unas cosas, ayudao por mí, que...

Nicasia. (Al ver al tío Carrasco que estaba

LA MOZA VIEJA

61

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO. NlCASIA.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

Carrasco.

PlRANDELLO.

SlDORO.

sirviendo a los músicos unas copas y ahora se acerca.) ¡ Cuidao !

¿Qué? ¿Cómo va eso?

¡Vaya! Avanzando. ¿A usté le gus- ta que aparezcan las ovejas ya lim- pias, mientras unos zagales amon- tonan la lana y otros recogen las tijeras ?

¡Hombre! Esa escena es de Es- quilo.

O, por lo menos, del Pastor-Poeta. Eso estará mu bien... Y llega el mayoral y va y dice :

Siempre sos dejáis doquiera las ilusiones magüer...

(Imp oniéndole silencio . )

¡ Chst ! ¡ A ver si nos lo copian !

Vamos a dentro, amigo.

Como usté quiera.

Oveja que bala, pierde bocao, y

si, como usté, bala y vale...

Punto en boca.

(Llevándoselo por el foro.)

Aquí no hay langostinos, ¿verdá?

Aquí, no.

Pues hay que pedirlos a Toledo. ¡Y se piden!

¡ Ay, mi madre ! ¡ Qué repertorio se ha perdido España!

(Mutis de los dos.)

(Acercándose a Nicasia, que ve núarchar a su padre, embobada.) ¿ Qué le pasa a usté ?

62 ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Nicasia. Que se me cae la baba mirando a mi papá.

Sidoro. (Sacando un pañuelo de hierbas.)

Limpíese usté con el moquero, que

es de toa confianza. Nicasia. ¡Uf! ¡El moquero! Sidoro. Ya sé, ya, que en Madrid son mu

finos y lo nombran en inglés ; pero

aquí sernos a la antigua española. Nicasia. Y ¿cómo le llaman en Madrid? Sidoro. ¡El esm^o quiñi

Nicasia. ¡Atiza!

(Entra Pepe el Riojano, por la derecha.)

Pepe. Buenas tardes.

Sidoro. Güeñas.

(Apartándose mohíno, por- que Pepe no le mira con bue- nos ojos.)

Nicasia. Mala cara traemos, amigo Pepe.

Pepe. Mal tiempo hace pa mí, aunque luz-

ca un sol de justicia, y la cara no puede ser buena.

Nicasia. Usté no quiere confiarse a mí...

Pepe. ¿ Pa qué ? Eres muy niña aún pa en-

tender mis cosas.

Nicasia. ¿Ha vuelto a ver a la Rosalía?

Pepe. No la he vuelto a ver desde esta

mañana. La he maltratao..., ¡y creo que sin razón!

Nicasia. Eso me creo yo, sin conocerla. Tie- ne esa moza un mirar muy franco

LA MOZA VIEJA

63

Pepe.

Nicasia. Pepe.

Nicasia. Pepe.

pa que tengan razón los cotilleos de la gente.

De su casa vengo... Es decir, de su puerta vengo, donde he llamao y nadie me contesta. No habría nadie.

Estaba ella... He sentí o los pasos hacia la puerta por la parte de aden- tro y, por el ojo de la cerradura, he escuchao como un suspiro de rabia sorda, y aquí, en mitá del pecho, he sentío la punzaíca de una mirada, que era de ella. Y usté iba pedirle perdón...

MUSICA

Cuando me ofenden, castigo ; si me maltratan, respondo ;

pero también

perdonar, comprender las razones que obligaron a pecar. Si esa mujer ha pecado, quiero saber sus razones ;

en su interior

quiero leer, porque a nunca me engañan unos ojos de mujer.

Y es su mirada un resplandor tde lucerico celestial,

64

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

que enciende en mi camino la luz de un ideal. (Dudando.) ¡ Pérfida ! (Resuelto.) ¡No es verdad! Si todo no es mentira, me muero de pensar que aquel amor feliz se tiene que acabar.

Con razón dice el cantar: «Aunque me engañe cualquiera, no me engañarán dos cosas : ni los labios de mi madre ni los ojos de mi novia.»

Yo, que soñaba con ella

fué la ilusión de mi vida ,

me he de marchar

sin conocer qué misterioso enemigo me ha podido a vencer. No he de volver a mirarla, no he de tenerla en mis brazos.

¡ Cuánta ilusión

la que se va! ¡Cuánta estrellica se apaga que ya nunca brillará! Nicasia. Si es su mirada un resplandor vuelva sus ojos a mirar y acaso en su camino le vuelvan a alumbrar. Pepe. . No podré

revivir

LA MOZA VIEJA

6S

aquellas ilusiones que puse en su querer. La tengo que olvidar.., Me voy pa no volver*

¡Con razón dice el cantar! :

«Cuando llega el mes de mayo

los rosales reverdecen,

pero nunca resucitan

los amores que se mueren.»

{Pepe inicia el mtutis hacia la primera de la izquierda.)

HABLADO

¿Adonde va usté?

A liar mis bártulos. Me voy pa mi

tierra.

¿Y el negocio, Pepe? No me compensa el vender toda la existencia, el perder lo que ya he perdió pa siempre. La feria de Sotollano me ha salió mal. ¡Pa- ciencia, niña!

(Mutis.)

¡ Eso es un hombre ! ¡ Un hombre ! (A cercándose.)

Aquí hay uno pa lo que se anhele de él, siendo con buen fin. ¿Usté es un hombre..., de verdá? Tengo certificaos y comprobantes. Pues..., ¡oido al parche! Motivo

5

ROMERO Y FERNANDEZ SHÁW

de andar a mi alrededor desde esta mañana.

Sidoro. Que me gusta usté más que el ja- món con tomate frito.

Nicasia. Con lo que sabe mejor es con hue- vos.

Sidoro. Con lo que sabe mejor es con

hambre.

Nicasia. ¿Usté se casaría conmigo? Sidoro. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

(Como el que sufre una serie de punzadas en el corazón?)

Nicasia. ¿Qué le pasa?

Sidoro. Que no estoy acostumbrao a que me

toque el gordo. Nicasia. Pero, en plata: ¿sí o no? Sidoro. (Bajando los ojos.)

Sí.

Nicasia. Pues, ¡ hecho ! me ayudas a arre- glar una cosa y yo te ayudo a con- vencer a mi padre... Y, si lo con- vencemos, pues luego te ayudo a todo lo que se pueda hacer a me- dias.

Sidoro. ¡Ay! ¡Ay!

(Transición.)

¿ Qué hay que hacer ?

Nicasia. Ahora..., echar un pregón por todo el pueblo diciendo que Pepe el Rio- jano se va y liquida a precios de competencia todo el género. Y, lue- go, volver aquí.

Sidoro. ¿Tú sabes que los pregones los co-

bro a dos reales ?

MOZA VIEJA

67

NlCASlA. SlDORO.

NlCASIA.

PlRANDÉLLO.

¡ Hombre ! ...

(Queriéndoselo pagar.)

No, si es pa que te enteres de que,

por ser cosa tuya, pues con real y

medio..., ¡en paz !

(Se va por la derecha, tocan- do la trompeta.)

¡Lo que se reirían de si yo me enlazara con este grullo ! Vamos, es que se expendían billetes de ida y vuelta con rebaja de precios.

(Sale Pirandello con una bol- sa de comestibles deshecha y leyendo en ella.)

Padre !

(Pirandello sigue avanzan- zando y leyendo.)

¡ Padre !

(Lo mism^o hasta que ella le da un suave manotazo en el papel.)

¡Caray, padre! ¿Está usté sordo? ¡ Asombrao estoy ! ¿De dónde se sacará este hombre, unas frases tan clásicas ?

(Leyendo.)

«Déjeme usté, señor cura, que a m'ha engañao la Ufrasia, ¡y la mato por perjura y, a más, por antonomasia!»

68

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Nicasia. (Cogiendo el papel y rompiéndolo.)

Esto es una tontería muy grande. Pirandello. Nicasia, que acabas de romper un

entrecot. Nicasia. ¡Siéntese usté ahí!

(En la primera mesa de la derecha.)

Pirandello . ¿ Aquí ?

(Se sienta.)

Nicasia. Ahí.

(Se sienta también.) ¿Usté tiene conciencia?

Pirandello. Me han dicho que sí. Ahora, que también me han dicho que tengo bazo y yo nunca me lo he visto.

Nicasia. Pero, el corazón, se lo habrá usté sentí o alguna vez.

Pirandello. Cuando me asusto.

Nicasia. Pues hágase la cuenta de que yo soy la guardia civil y usté un cha- lán. . .

Pirandello. ¿Un chalán? Nicasia. Gitano. Pirandello . Gracias .

Nicasia. A mí, de pensar que estamos co- miendo en esta elegante posada, mercé a dos duros que nos han dao por mortificar a una mujer, me se están revolviendo las tripas.

Pirandello. Eso es el escabeche.

Nicasia. ¡Eso es la conciencia!

Pirandello. Que me vas a hacer creer que la conciencia se tranquiliza con bicar- bonato.

Nicasia. Bueno, paidre ; usté está lanzao,

LA MOZA VIEJA

69

porque no está aquí madre ; pero yo, que soy mitá y mitá, no transi- jo con lo que sucede.

Pirandello. Pero, ¿ qué es lo que sucede, niña?

Nicasia. ¿Usté no le debe al Riojano una buena amistá?

Pirandello. Una buena amistá y once duros.

Nicasia. Pues amor con amor se paga, y, en cuanto a los duros, puede que se los * perdone si usté y yo le hacemos un

favor muy grande.

Pirandello . (.4 rrintándos e . )

¡A ver! ¡A ver! Planéame el fini- quito.

Nicasia. Pepe está convenció de que la Ro- salía es una mujer buena.

Pirandello. Dime una buena mujer y ¡de acuerdo !

Nicasia. Usté no sabe de los pueblos.

Pirandello. ¡Bueno! Pero háblame de Cons- tantinopla, que ahora le llaman Stambul, y soy el amo.

Nicasia. Una apariencia, padre, es causa de muchos crímenes... Otelo mató a Desdémona por una ofuscación. César murió...

Pirandello. Por Bruto.

Nicasia. En resumen, que yo quiero que el propio Pepe le detalle sus relacio- nes con esa moza.

Pirandello. Ya está.

(Poniéndose de pie.)

Nicasia. Que usté le saque el motivo de ha- ber estao desapartaos tanto tiempo.

Pirandello. Se lo saco.

Nicasia. Y luego..., ¡a escena! Que ese Ru-

70 ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

perto a me parece un bandido...

Pirandello. ¡ Que me ha dao diez pesetas !

Nicasia. Pues ponga usté un bandido gene- roso, pero tiene once gatos en la barriga y hay que cortarle las uñas.

Pirandello. No habrás olvidao que es el hijo del alcalde.

Nicasia. ¿Y qué?

Pirandello. Que nos exponemos a...

Nicasia. ¡No importa!

Pirandello. (Haciendo mutis por la pri-

mera de la izquierda.) Me veo en Tegucigalpa..., ¡que ni Dios le cambian el nombre! (Vase.)

Y si ahora lograra yo... ¡Banastas! ¡Ella!

(Entra por la derecha Rosa- lía.)

Buenas tardes.

Salud... ¿Puedo servirla en algo? Oiga usté, joven... ¿Es guasa? Porque yo soy de pueblo, pero... No siga usté, Rosalía. Usté me in- sulta y yo, callá ; usté me pega y yo, quieta... Usté me perdona y me da la alegría más grande del mundo. ¡ Qué cambio !

Ni cambio ni na. . . Mi padre y yo so- mos inresponsables.

(Entra la tía Sabina por la derecha.)

Nicasia.

Rosalía. Nicasia. Rosalía.

Nicasia.

Rosalía. Nicasia.

Sabina.

¡ Rosalía !

LA MOZA VIEJA

Rosalía.

Sabina. Rosalía. Sabina. Rosalía.

Nicasia,

Rosalía.

Sabina.

Nicasia.

Rosalía. Sabina.

Nicasia.

Sabina. Rosalía.

Nicasia.

Sabina. Nicasia.

¡Madre I

(Seria.)

¿A qué entras aquí? A qiue me mate Pepe. ¡Rosalía!

¿ No piensa que soy mala ? ¡ Que me vea serlo! ¿No duda de mí? ¿Na me cree el capricho de unos y otros ?

¡Que me vea alternar con tós! ¡Y que me mate, por celos, pa que yo me muera sabiendo que me quiere! Pues también ella es una mujer,

¡ rebanastas ! Vayase usté, madre. ¿ Dónde está Pepe ? Ahí,

(Señalando el cuarto del Riojano.)

Váyase usté,, le digo.

Pero, ¿cómo voy a irme sabiendo

que vienes a que te maten y que está

en ese cuarto el matador?

No, señora ; el matador está en ese

otro.

(El de los toreros.) Pero, a lo mejor, a aquél y a ése les dan los tres avisos... Vente tú, Rosalía. De aquí no me muevo. Pepe el Rio- jano no se va con la duda. O me cree o me mata. Son muchos años de ilusión pa que se vuele en un so- plo.

Váyase usté tranquila, que el Rio- jano es un caballero. Pero un acaloro... No se acalora, porque está con mi

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

padre. Ande, señora, que yo la acompaño... Que hablen, que se des- ahoguen.

Pero, ¿eres tú, Sabina? ¿Eres tú? ¿ No la coges del moño y te la lle- vas a rastras?

Porque no me querría usté bien si hiciera eso.

Porque contigo no tengo carácter. Porque tié razón. ¿Usté la anima?

Tié que aclararlo todo esta mujer. Vamos, señora, que no pasa ná. (Cogiéndola cariñosamente .) En vilo me voy.

No se asuste, madre. Me mataría el peso de mi deshonra. Si te mata, me das una voz. Vamos, doña Sabina.

(Mutis por la derecha de Sa- bina y Nicasia. Sale por el foro el tío Carrasco.)

(A los músicos.)

¿ Qué tal el moka ?

(Viendo a Rosalía.)

Pero, ¡leñe! ,

(Avanzando .)

¿ Qué haces aquí ?

Que me han dicho que estaba ani-

mao este patio. Ya veo que no.

Se fueron pa los toros los más.

(Entrando por la derecha.) Ya está. Pregón con toque floreao y con rebaja.

LA MOZA VIEJA

73

(Viendo a Rosalía.) ¡ Muchacha !

Rosalía. ¡Cuánto choca una mujer cuando se sale de sus costumbres !

(Salen por la segunda de la izquierda Ruperto, Montoya, con el lío de los capotes y las maletas y el estuche de los es- toques y el Niño de la Caram^ bola y Elizondo, completamen- te vestidos y con los capotes de paseo al brazo.)

Montoya. ¡Al avío! Niño. (A Ruperto.)

Que sepa yo dónde se pone usté pa

brindarle el colorao. Ruperto. Tengo palco : el del alcalde. Elizondo. Párele usté el reló, por si acaso. Sidoro. ¿Toco a fagina? Ruperto. (Al ver a Rosalía.)

Aguarda.

Niño. ¡Casa! Unos vasos de vino pa ha-

cer coraje.

Carrasco. Aquí estaban ya preparaos.

Niño. ¿Don Ruperto?

(Ofreciéndole un vaso.)

Ruperto. Lúcete con esa moza, que es de Miura.

Rosalía. (Aparte.)

¡ Ladrón !

Niño. (Acercándose a Rosalía con el vaso

en la mano.)

Tóquelo usté con los labios pa que me buena suerte.

74

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Ro salía . (R eponiéndos e . )

Gracias. A eso he venío aquí. A darles a ustés ánimos, porque a me gustan mucho los hombres guapos.

Montoya, ¡ Ole !

MUSICA

Rosalía. Ustés son forasteros.

No saben quién soy yo. Niño. Una mujer de buten.

Montoya. ¡Vaya mujer, chavó! Rosalía. Y es raro que no sepan

mi historia todos ya. Elizondo. ¿ Qué historia es> esa historia ? Ruperto. Ya se, les contará.

Sidoro.

Elizondo. Sidoro.

Ruperto.

Rosalía.

(Al tío Carrasco.)

Yo no entiendo una palabra.

¿ Qué historia es esa historia ?

La corrida me parece

que esta vez se adelantó.

(Mientras, de la calle entran algunos grafios de hombres y mujeres.)

(A Rosalía.) Cualquiera pensaría que todo va por mí. sabes que más guapo no habrá ninguno aquí.

LA MOZA VIEJA

¿ Por qué me miras tanto ?

¿ Te extraña mi actitud ? Ruperto. Me gusta la franqueza. Rosalía. Ya lo sabías tú. Ruperto. clara, Rosalía. Rosalía. Más clara que la luz.

Cuando todas las mozas van a los toros con su pareja,

una sola en el pueblo se queda en casa, por culpa de ella, que fué liviana, que fué coqueta, que ya no tiene ni quien la quiera.

Y viene a la posada pa que se sepa,

que si no tiene novio fué culpa de 'ella.

Ruperto. Esa

esa

Rosalía. Ruperto.

moza tan guapa no va a los toros, porque ella quiere ; moza ya sabe, que, si me busca, me encuentra siempre. ¡Jesús, qué cosas tan sorprendentes ! ¡ Pa cosas buenas, las que tienes!

76 ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Rosalía. Y has tardado en fijarte, ¡ qué mala suerte ! , porque has visto las malas tan solamente. Todos. Con los ojos a los hombres

desafía esa mujer. Tiene fuego en la mirada y en la voz una sal muy salada. Con los ojos a los hombres desafía esa mujer. Rosalía. Ya sabéis a qué vine,

¡ y el que no lo comprenda, que lo adivine! Todos. Dan ganas de gritar:

¡Olé!, ¡y olé!, ¡y olé!

Ruperto.

Rosalía.

Pepe. Rosalía.

Coro.

En tu garbo y en tu ¡ yo no había reparao. (Intentando abrasarla.) Ven aquí, paloma blanca. ¡Ahora te has equivocao!

(Un momento antes han apa- recido por la izquierda Pepe y Pirandello. Por la derecha, entra Nicasia.)

¡Qué haces aquí, mujer! No me preguntes nada, que demasiado sabes que soy muy mala. Causa de perdición son las mujeres guapas,

gracia

LA MOZA VlíjA

77

Dime que no es verdá, pero no con palabras.

¿No decían que los hombres

se alababan de su suerte,

que yo soy en Sotollano

la peor de las mujeres ?

Ya ves que no es mentira,

lo que dió en decir la gente,

j y aquí estoy pa que se vea

que ya soy como me quieren!

¿Y ese guapo que codicia

los primores de tu cuerpo ?

Este es uno que ya sabe

que, aunque me toque, no hay mie-

¡ Y es sobrada impertinencia [do.

la que tiene el forastero !

Si es sobrada, como dices,

¡ahora mismo lo veremos!

(Se abalanza sobre Ruper- to ; hay unos instantes de ba- rullo e intervienen lo$„ hom- bres, separando a los conten- dientes. Rosalía se repliega a la izquierda, asustada de su propia imprudencia.)

(A Sidoro.)

Coge a ese bravo, tú. Llévalo a un calabozo.

(Sidoro y el alguacil cogen a Pepe, cada uno por un brazo.)

78

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Rostlia. (Aparte.)

¡Sálvalo, por favor, Díü's Todopoderoso !

Coro. Causa de perdición

son las mujeres guapas.

Rosalía. Pepe, la culpa fui

de tu fatal desgracia.

Pepe. Dios te perdone la herida

que me has abierto en el alma, porque en mitad del corazón vino a clavarse la espina de tu pérfida traición. Yo te adoré, Rosalía, desde mi nido lejano y alimenté la pretensión de realizar algún día mi quimérica ilusión.

Rosalía. (Aparte.)

¡Ay, que me muero de pensar que a darle celos me atreví! Por un capricho necio, pa siempre lo perdí. (A Pepe.) ¡ Oyeme !

Pepe. ¡ Déjame !

Cuando el amor se muere, no resucita ya. ¡Me voy pa no volver! ¡Me debes olvidar!

(Sidoro y el alguacil se lle- van a Pepe por la derecha. Los sigue Pirandellp. Rosalía, ano- nadada, se sienta junto a la

la moza víeja

79

mesa de la izquierda, dejando caer la cabeza sobre los bra- zos.)

Ruperíto. Se ha acabao el incidente.

Aquí no ha pasao na.

Todo el mundo a la corrida,

que las cuatro van a dar.

(Los de la banda atacan su pasacalle— mo saben otro ■, y desfilan hacia la calle, seguijiüs, por los toreros y la gentt det pueblo. El tío Carrasco re- coge los servicios y se va cofa ellos por el foro. Nicasia se acerca despacito a Rosalía y le levanta la cabeza cariñosa- f}%efite.)

HABLADO SOBRE LA MUSICA

Nicasia. No llore usté, Rosalík. Confíese conmigo... Que a me dice el co- razón que usté es una víctima y estoy leyendo en esas lágrimas que es más buena que un drama de Eche- garay. Hable usté, ¡ rebanastas ! , que aquí estoy yo.

(A lo lejos, el pueblo corea el pasacalle. Telón lento.)

MUTACION

CUADRO SEGUNDO

La embocadura del guiñol de Pirandello, exac- tamente reproducida en grande, con su rótulo en la parte superior y sus cortinillas que se abren y cierran en sentido horizontal. En el zócalo de la embocadura, el busto del maestro de la orquesta, visto de espaldas, con los bra- zos abiertos y la batuta en la mano derecha. A ambos lados del director, la orquesta, cons- tituida por un violin y un contrabajo , a la iz- quierda, un saxofón y un tuba, a la derecha. El director y los instrumentistas de cuerda tie- nen los brazos postizos, superpuestos en el lienzo de pared ; los músicos de viento tienen postizo, en la misma forma, de cintura para arriba. A su debido tiempo, cobran acción en estas partes superpuestas, accionadas por de- trás del teatrillo. (i).

(Al comenzar el cuadro, apa- recen las cortinillas descorri- das y «actuando» los fanto- ches, incorporados por Nica- sia y Pirandello. Ella represen- ta una joven pueblerina, pa- leta hasta los tuétanos: la Se- gunda ; él, una vieja desdenta- da y rugosa : la tía Pilonga. Ambas llevan pañuelos a la cabeza y toquillas o pañoletas de colorines. Por supuesto, ac-

(i) Cuando esto no sea posible, podrá hacerse el cua- dro con la supuesta orquesta pintada simplemente.

LA MOZA VIEJA

donan como fantoches, con las mangas sin brazos, e imitan con la voz las inflexiones gra- ciosas de los muñecos de gui- ñol.) ~

HABLADO

Segunda. Pero, ¿es verdá, tía Pilonga?

Pilonga. ¡El Evangelio, Segunda!

Esa moza no se casa, porque, si alguno la busca, cuando se entera hace «fu», que quié decir : ¡ Güi ! (Con un sonido gutural, caracterís- tico de los fantoches.)

Segunda. (Lo mismo.) ¿ Güi ?

Pilonga. «Nunca

me casaré con mocita

que otro galán la disfruta.»

Segunda. Pero,^qüién la ha disfrutao?

Pilonga. ¿No lo sabes?

Segunda. Se murmura

de un feriante de, la feria, que vino con una muía. Pero, ¿eso es verdá?

Pilonga. Más fijo

que los cuernos de la luna.

Segunda. No lo creo, tía Pilonga.

Pilonga. Miá que eres bestia, Segunda.

¿ no te acuerdas de que vino

por cuando la dictadura,

que, cuando Dios dice : « ¡ Ahí va I *

todos los males se juntan?

¿ No te acuerdas de que hablaba

6

82

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Segunda. Pilonga.

Segunda.

Pilonga. Segunda.

Pilonga. Segunda.

Pilonga. Segunda. Pilonga.

Segunda.

Pilonga. Segunda.

con ella en la noche oscura y en la casa se metía y ya dentro..., ¡tú calcula! Y, ¿usté lo vió, tía Pilonga? Yo no lo he visto, Segunda ; pero tengo la experencia de cuando entraba el tío Chufa, que me casé en San Máteo y fui madre por San Lucas. Pues yo más y me callo, porque dice el señor cura que el que propala un secreto es un Herodes o un Judas. Y, ¿qué sabes tú?

¡La mar! ¡ Que eso es una calunia ! ¡Si yo hablara, tía Pilonga! ¡Expláyate ya, Segunda! Pues... ¡ahí va! Que ya me duelen las quijadas de estar muda. Esa moza es una santa. ¡ Güi ! ¡ Güi !

Y usté es una bruja. Mira que saco la escoba y es fácil que te sacuda. A esa moza la quería, con intenciones ocultas, el hijo del tío Chanchullo..., que ahora es alcalde y que turna en el mando, aconchabao con el tío Contratas Sucias. ¡ ¡ Qué dos motes más bien puestos ! Cállese y no me interrumpa. La quería ese mócete, y le dio una rabia inmunda ver que ella le hada cara

LA MOZA VIEJA

83

Pilonga.

Segunda. Pilonga.

Segunda. Pilonga.

Segunda.

Pilonga. Segunda. Pilonga.

Segunda.

Pilonga. Segunda.

Pilonga.

Segunda.

a un hombre con más hechuras.

Y le inventó esas acciones, que en jamás hizo ni nunca, porque entonces, pa la rabia, no existía la vacuna.

¿Está claro, tía Pilonga? No está mu claro, Segunda, que el hijo del tío Chanchullo se casó...

Con una burra. Lo por el zapatero que le hace las herraduras. Pero es mu guapa y mu rica. Le ha puesto una casa chusca. Ella a él.

Esatamente.

Y siete pares de muías

le ha puesto, que son la envidia de los que tién sembraúra.

Y le ha puesto una cartilla en el Monte por si enviuda.

Y a lo demás que le ha puesto ¡ bien que se le ve* la punta ! ¿Tú lo has visto?

Sí, señora.

¡ Detállamelo ! (Acercándose.)

Ni en chufla, que usté tié mu mala lengua. Sí, que tu la tiés menuda.

Y pa acabar..., el feriante se casará con...

¡ Aúpa! ¿Con ella, con esa moza que tié esa fama tan sucia? Con esa misma, porque él

84

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

se chincha en los que murmuran, y, cuando ambos se quisieron, ni hablaba en la calle oscura, ni entró en la casa de noche, ni hizo más que estar tarumba por ella y ser más decente que tós los que la calunian.

Pilonga. Y, entonces... ¿por qué se fué juyendo como un granuja?

Segunda. ¡Porque era casao, señora!

Pilonga. ¿Casao ?

Segunda. ¡Casao! Y por culpa

de este pequeño detalle, cuando advierte que ella es una virtú romana..., ¡romana!, que no es de las que se juntan, pa que usté se entere, va y la dice : ¡ Adiós ! , y jura pa sus adentros que el día que se sacuda las pulgas, viene al pueblo y con la moza se casa en segundas nucías. ¡Y hablan de Guzmán el Bueno!

Pilonga. ¡Hay unas lenguas, Segunda!

Segunda. La de usté, pongo por caso.

Pilonga. Cállate, que va a haber zurra.

Segunda. Si está a la vista... Si usté debía ser sordomuda.

Pilonga. Segunda..., eres la primera que m'ha faltao.

Segunda. ¡Ni la última!

Pilonga. ¡ Mocosa !

Segunda . ¡ Guarra !

Pilonga . ¡ Indecente !

Segunda. ¡ Cotillona !

Pilonga . ¡ Escuerzo !

LA MOZA VIEJA

Segunda. ¡Bruja!

{Sacan sus respectivas pal- metas y entpiezan a sacudirse, diciendo siempre : «/ Güi «/ Güil», hasta que se corren las cortinas.)

INTERMEDIO

(Sale Sidorp nwy cariacon- tecido. Vacila, mira a la iz- quierda, atisba por las cortini- llas el interior del escenario del guiñol.)

Ruperto. (Cuya voz suena dentro, por la pri- mera caja de la izquierda.) ¡Vamos, hombre!

Sidoro. ¡Ya voy, carabina!... Pierda usté

cuidao, que no me s'olvida ná. (Como en aparte.) ¡Ay, qué leñe! Y que sea yo mes- mo el que... Decían ahí (Por el guiñol.)

que si Guzmán el Bueno. ¡Yo que soy Sidoro el Inmejorable! (Como antes.)

¡Ya! ¡Ya está! Es que me lo es- taba repasando. (Aparte.) ¡ Pecho al agua !

(Toca la trompeta y le sale muy desigual el toque. Aparte.) Hasta la corneta llora la pena del alma mía. ¡ Hala, Sidoro !

(Subiéndose los pantalones por la cintura. Pregonando.)

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

«De orden... del señor alcalde..., se

hace saber :

(Intenta tocar y no le sale más que el aire. Entonces, de- ja caer la ' trompeta par su- peso.)

¡ Que no me sale ! . . .

(Cierra el puño, lo aplica a la boca y con ésta simula el toque.)

¡Ole! «El señor alcalde... no se chupa el índice, ni el miñique..., ni el deo gordo..., que ese se lo chupa cualquiera ...» (Suspirando.)

¡Ay, mi madre! «La pieza que se acaba de representar... es un delito... de atentao a la autoridá... con...»

(Al sitio donde se supone que está Ruperto.)

¿Con qué? ¡Ah, sí! «Con pres- meditación... alevosía... y rindecen- cia.» ¡Ole! «Y al ojeto de no sus- pender la junción... que es la mar de guena»... (Aparte.) Esto es mío... (Sigue.)

...«Así que se acabe... se costituirán en prisión... las llamas Segunda... y Pilonga»... ¡Ay, esto que es

LA MOZA VIEJA

87

grande!... «Así como también... el llamao Pirandello... por mal nom- bre... y..., y..., y..., y la Nicasia))...

(Sin salirse del tono del pre- gón, pero gimoteando.)

...« con lo rica que es..., ¡mecachis en la mar ! » ¡ Güeno ! Güeno ! ¡ No pueo más! Voy al entierro... de mi mesmo corazón.

(Hace mutis por la derecha, tocando con la trompeta una marcha funeral.)

MUSICA

(Breve preludio guiñolesco, con intervención de la fingida orquesta, que se mueve a rit- mo. Se descorren las cortini- llas y aparecen Nicasia, vesti- da de quinto, con gorrillo cuar- telero, mofletudo y colorado, y Pirandello de guardia inglés, con casco.)

Nicasia. Lo mejor del puro habano

son las últimas chupadas. Pirandello. Lo mejor de las mujeres,

las primeras calabazas. Nicasia. Lo peor pa'l vino güeno

es cogerlo y bautizarlo. Pirandello . Lo peor pa un güen marido

es que el pobre sea manco. Los dos. Tipitín,

con el levitín ; tipitán,

88

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

con el balandrán. Don Venancio y don Crispín, ¡qué elegantes estarán! Tipitín, con el levitín ;

tipitán, con el balandrán. ¡Don Venancio y don Crispín! Ah!

Con el levi-levitín ; con el balan-balandrán. Nicasia. Ya te veo, Nicanora,

junto al chico de la Prisca. Pirandello. El ya sabe lo que logra

quien a buen árbol se arrima. Nicasia. Yo me arrimé a un pino verde,

por ver si me consolaba. Pirandello. Y el consuelo que he tenido es que me llenó de manchas. Tipitín, con el levitín ; tipitán,

con el balandrán,... etc, etc.

(Después del estribillo, ini- cian un baile frenético, secun<~ dados por la fingida orquesta, que ataca un «vivacísimo», has- ta que el amaestro» se vuelve loco y acaba por girar el bra- zo de la batuta por detrás de la espalda. Caen Nicasia y Pi- randello «rendidos^ sobre la batería del guiñol, y se corren las cortinillas. Telón y muta- ción.)

CUADRO TERCERO

Un patinillo del Ayuntamiento, alegre e ilumi- nado. A la derecha, portón abierto que comu- nica con la calle. A la izquierda, un arquito, en primer término, sin puerta, que da acceso a un pasadizo. En segundo término, una puerte- cilla practicable, pintada de rojo y con gatera. En el foro, edificación de una sola planta, que ocupa los tres cuartos de la anchura del es- cenario. En ella, dos puertas practicables, tam- bién rojas. La más próxima al lateral dere- cho, tiene un ventanuco a la altura de la ca- beza de un hombre. La otra, un montante sin cristal, practicable. En el cuarto que resta a la izquierda, una rinconada y, en ella, el bro- cal de un pozo. Por encima de la edificación del foro se ve la parte trasera de la casa con- sistorial con un gracioso torreón. En la es- quina que forma la edificación del foro, el pie de una parra, que se extiende sobre las dos puertccillas y sombrea el pozo. Junto a éste, un bocoy pequeño con un tubo de goma en la boca.

(En los departamentos cu- yas puertas dan a este patini- llo están encerrados, respecti- vamente, Nicasia a la izquierda,

90 ROMERO V FERNANDEZ SHAW

Pirandello en el centro y el Ni- ño de la Carambola a la dere- cha. Sidoro aparece tumbado en el suelo, con la cabeza jun- to a la gatera, hablando con Ni casia.)

HABLADO

Sidoro. Yo que sufro de verte ahí ence- rrá, sin que te el aire y el sol... ¿Quiés que te de la mano, pa que veas que lo que de depende te lo doy?

Nicasia . (Dentro.)

¿ Te la has lavao ?

Sidoro. No; pero... ¡ aguarda I

(Finge escupirse las manos y fro- társelas.) j Ya !

(Metiendo la mano por la gatera.)

¿Dónde estás?

(Saca un zapato.)

¡ Mi madre ! Nicasia. (Dentro.)

¡Sinvergüenza! ¿Por qué me has

quitao el zapato ? Sidoro. Porque m'has dap pie.

(Se lo devuelve. Por el mon- tante de Pirandello asomp un nmñeco del guiñol, accionan- do : justamente el guardia que él interpretó en el cuadro an- terior.)

LA MOZA VIEJA

91

Pirandello . ¡ Eeeeh ! ¡ Eeeeh ! Sidor/Q. (Volviéndose a mirar y sentándose

en el su¿Ío.)

¡ Carabina ! ¿ Qué quiere usté ? Pirandello. Que ojito, ¿eh? ¡Ojito! Sidoro. Pero, ¿ha visto usté algo malo?

Pirandello. ¡ Sipi ! Sidoro. ¿Por dónde?

Pirandello. Por el periscopio ; y, si castigas a mi niña, verás cómo lo pasa la tuya. Sidoro. ¿La mía?

Pirandello. Con el puñetazo que te voy a dar en un ojo.

Carrasco. (Entrando por la derecha con un

cesto de comestibles.)

¡A la paz de Dios! Pirandello. (Escondiendo el muñeco.)

¡ A casa, que llueve ! Sidoro. Güeñas, tío Carrasco. ¿Qué? ¿De

la compra?

Carrasco. Sí, hombre, sí. Y preocupao con

que no habrá cenao anoche este

amigo mío... Sidoro. Ni él ni la Nicasia. Gracias a que

yo les di esta mañana unos alca-

hués.

Pirandello. (Asomando otro muñeco.) ¡ Cuatro !

Carrasco. ¿Qué?

Pirandello. Cuatro pa los dos.

Sidoro. ¡Anda! Pues al Niño de la Caram-

bola no le he da o más que uno.

Pirandello. Y ¡menudo cólico ha pescao!

(Mutis del muñeco.)

92

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Carrasco. ¿También está ahí el matador?

Sidoro. Ya ve usté... Aquí lo mismo ence-

rramos por matar que por no ma- tar. ¡Y habiéndoselo brindao a Ru- perto ! Lo ha tomao el alcalde como una ofensa personal.

Nicasia. (Dentro.)

Bueno, pero eso de la compra, ¿es a plazos ?

Carrasco. No, mujer... Ahí va.

(Acercándose a la gatera.) Un pan de barra. (Se lo da.)

Sidoro. Especial pa bujeros.

Carrasco. Aquí hay una hogaza,

Pirandello. (Asomando al muñeco.)

Especial pa montantes.

Sidoro. (Que ha cogido la hogaza, la echa

por el montante.) ¡ Duro !

Pirandello . (D entro . )

¡Ay! ¡Duro y a la cabeza!

Carrasco. ¡Ahí va! Una morcilla bien curá.

Pirandello. (Enseñando el guardia.) ¡ Eeeeh ! ¡ Eeeeh !

Sidoro. ¿ Qué dice el guardia ?

Pirandello. (Con su voz.)

¡ Que le den morcilla ! (Con la voz del muñeco.) Aunque sea convaleciente.

Carrasco. Pa usté he traído una lata de sar- dinas.

Pirandello. ¿Hasta aquí viene usté a darme la lata?

(Sacando el muñeco.) ¡ Vanguardista !

LA MOZA VIEJA

93

Sidoro. ¡Amos! Que están en escabeche.

(Se la ecHa por el montante.) Pirandello. Y esto..., ¿con qué se abre, amigo

hostelero ? Carrasco. Pero, ¿no tiene la llave? Pirandello. Si tuviera la llave, me había escapao. Sidoro. Se ha queda o en el cesto.

(Se la echa también.) Carrasco. Y, pa remate, vino de la tierra.

(Saca un frasco de cristal blanco con

vino tinto.) Pirandello. (Sacando un muñeco.)

Venga, venga, venga...

(Baila el muñeco.)

¡Ole! ¡Olé! ¡Olé! Sidoro. Pero, ¿cómo le tiro el recipiente,

pa que se haga añicos? Nicasia. Démelo a y que beba por po- deres.

Pirandello. Primero, papá ; primero, papá... (Bailando el muñeco.)

Sidoro. ¡Aguarde usté!

(Cogiendo el tubo de goma del bo- coy.)

Lo que no cavile un alguacil...

Carrasco. No es mala industria.

Sidoro. Así lo repartimos en forma equita- tiva.

(Mete una punta del tubo en el frasco y echa la otra punta por encima del montante.)

Coja y succione.

(Sostiene el frasco en alto

94

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Entra la tía Sabina por la de- recha.)

Sabina. Me alegro de veros. Ya estamos

vengás. ¡Dios es grande!

Carrasco. ¿Qué te pasa, mujer?

Sidoro. ¡Carabina! ¿Qué ocurre?

Sabina. No lo sabe naide ; pero a me lo

ha dicho la Leandra, que está sir- viendo en casa del Ruperto.

Carrasco. ¿ Qué te ha dicho ?

Sabina. Ya se sabrá, ya. Una noche se ocul-

ta ; pero más de un día es imposi- ble. ¡Estamos vengás i

Sidoro. Hable usted en plata, carabina.

Sabina. Que la Filomena, la mujer del Ru-

perto... ¡se ha escapao con el do- mador del circo «Krone» ! Ayer tar- de, mientras la función del teatro de fantoches.

Sidoro. (A Pirandello.)

¡Usté es adivino!

(Al ver que no queda vino en el frasco.)

¡Usté es una sanguijuela!

Carrasco. ¡Ahí va!

Sidoro. ¡Qué hacha pa el biberón?

Pir anüello . (D entro . )

¿ Es que se ha acabao ?

Sidoro. ' ¡Vamos! ¡Liquidación total de to- do el líquido! Nicasia, perdona. Y perdone usté, tía Sabina, que...

Sabina. Pero, ¿os habéis enterao?

Carrasco. | Qué sorpresa !

LA MOZA VIEJA

Sabina. Sorpresa, pa los que no supiesen

que la Filomena era una tal y una cual.

Sidoro. Una especie de fiera que le faltaba al domador.

Carrasco. ¡Vaya un domadorcito!

Sidoro. El único artista que no habíamos metió en chirona.

Sabina. Güeno, esto que os he dicho, no

lo contéis vosotros, que la Leandra me lo ha contad en secreto. Y que quiero ver la cara que pone cada uno cuando yo se lo cuente. ¡ Adiós !

Carrasco. Espera.

(Cogiendo el cesto.)

Sabina. Ande, tío Carrasco, no se nos ade-

lanten las cotillas del pueblo.

Carrasco. Adiós, amigos.

Sabina. Adiós.

Pirandello. (Sacando un muñeco.) ¡ Adiós !

(Mutis del muñeco.)

Siboro. ¡Qué mujeres, Sidoro!

Nicasia . ¡ La caraba !

Niño. (Abriendo el ventanillo.)

Oiga, maestro. ¿Me pueden traer un café del Colonial?

Sidoro. ; pero puá que tarde.

Niño. Es que estoy que me caigo. Abra-

me usté, maestro.

Sidoro. Pero si tié las llaves el hijo del al- calde, y nos las suelta ni a tiros.

Niño. i Qué tío más malo \ A es la pri-

mera vez que me corresponden a un brindis con un encierro.

96 ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Sidoro. Y que aquí no es como en otras

partes, que el encierro es antes de la corrida;

Niño. ¿Cuánto calcula usté que me ten-

drán encerrao ?

Sidoro. Seis u siete años.

Niño. ¡Chavó! Me pierdo tres fechas.

Sidoro. ¿Es que no toreas más que los bi- siestos ?

Niño. Y no todos... ¡Vaya! Voy a se-

guir durmiendo, que a el sueño me alimenta. (Cierra el ventanuco.)

Sidoro. ¡ Probecillo ! Es vegetariano.

(Se arrodilla ante la puerta de Nicasia y se asoma por la gatera.)

Se jama, ¿eh?

Rosalía. (Entrando por la derecha.) Ave María...

Sidoro. Ora pro nobis.

Rosalía. ¿Dónde está Pepe?

Sidoro. (Levantándose y señalando el pa- sadizo de la izquierda.) Ahí ; en la mazmorra. Preso polí- tico.

Rosalía. ¿Sin comer? Sidoro. Ni una miga. Rosalía. ¿A oscuras? Sidoro. No sabe na. ¿Has visto, chica? Rosalía. ¿Te ha dicho algo de mí? Sidoro. Algo me ha dicho. Que paece men- tira, que nunca lo hubiera pensao y que ya no cree en na. ¡Ateo per- dió!

LA MOZA VIEJA

97

Rosalía. Sidoro.

Rosalía.

Ruperto. Sidoro,

Ruperto.

Rosalía. Ruperto.

Rosalía. Ruperto.

Rosalía. Ruperto.

Sigue dudando de mí.

Y que ¡ con lo que él te quiere ! . . .

Y aquí ha soltao una palabrota en aragonés..., que que te debe de querer.

Como merezco ; pero le daré una lección pa que yo vea si me quiere o no.

(Sale Ruperto por la iz- quierda.)

¿Aún no has barrido el patio? ¡Carabina!

(Se dirige al rincón cogiendo una escoba.)

(Viendo a Rosalía.) ¿Tú aquí? Con tu licencia.

(A Sidoro, que se dispone a barrer.)

¡ Quieto !

(A Rosalía.)

¡Qué vergüenza pa mí!

¿De qué?

De na, Rosalía. Ahora que to el mundo me va a señalar, ahora que salgo, como he entrao, por la puer- ta zaguera pa eludir la mirá de la gente, comprendo to tu sufrir. Per- dóname, mujer. ¡Dios te perdone! (Sacando del bolsillo un manojo de llaves.)

Toma, la libertá de ese hombre1. Dásela misma.

7

98

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Rosalía. (Cogiendo las llaves.) Gracias.

Ruperto. No digo más, porque está feo que los hombres lloren; aunque sea de arrepentimiento .

Rosalía. La vida enseña.

Ruperto. Sí. Pero tarde. Adiós, Rosalía...

(Mutis por la derecha.)

Pirandello. (Asomando un muñeco.) Adiós, Niñón.

(Sidoro le sacude al muñeco un escobazo.)

Rosalía. Toma, ábrele.

(Le da el manojo de llaves.)

Sidoro. A toda prisa.

(Mutis por la izquierda.)

Pirandello. (Con otro muñeco.)

¿ Ha dao todas las Uaves ? Rosalía. Todas.

Pirandello ¡Ah, bueno! Pues cuando usté gus- te, señorita. Rosalía A ver si viene el llavero. Pirandello. ¡Ah, bueno! Nicasia. Cállese usté, padre.

(Mutis del muñeco.)

Rosalía. ¡ Pobrecillos !

(Sale Pepe por la izquierda.)

Pepe. ¿Eres tú?

Rosalía. Yo misma. Pepe. ¿Te debo a ti la libertad?

LA MOZA VIEJA

Rosalía. A me la debes. Es decir, estamos pagaos.

MUSICA

Rosalía. Cuando yo era buena, llegaste un día... Con palabras dulces se alegró mi vida. Fueron muchos años de soñar contigo. ¡ Cuántas ilusiones puse en tu cariño!

Cuando eras buena dices, Rosalía... ya sabes, Pepe, que no soy la misma. Pero en pago al tiempo que me ilusionaste, mala y todo supe la ilusión pagarte. ¿Te quieres explicar? Me codiciaba un hombre

desde hace tiempo y era, por causa mía,

tu carcelero. Por verte libre, Pepe,

con malas artes..., a costa de mi cuerpo

gané las llaves. ¿Qué dices, Rosalía?

¡Que estás salvado! ¡También las malas hembras

hacen milagros!

Pepe. Rosalía.

Pepe. Rosalía.

Pepe.

Rosalía. '

100 ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

Pepe. Eso es mentira. Rosalía. ¿ Quién te lo ha dicho ?

Pepe. De sostenerlo no eres capaz.

Rosalía. Yo soy muy mala.

Pepe. No lo repitas.

Rosalía. Pero, ¿qué dices? Pepe. ¡Que no es verdad!

Rosalía. Pepe,

Rosalía.

Pepe. Rosalía.

Cuando en un día claro

de Primavera, mis ojos te miraron

por vez primera, supe que aquel cariño,

desde aquel día, toda la vida entera

me alumbraría. Pero el amor se muere

¡Qué disparate! ¡A este cariño nuestro no hay quien lo mate ! La duda apaga

de los amores

el resplandor. ¿No lo comprendes?

No lo repitas.

Busca otro amor.

Pepe. Porque dudé en un instante

de ofuscación insensata, vienes misma a decirme que eres peor que pensaba. Aunque tus labios lo mientan no lograrás engañarme

LA MOZA VIBJA

¡Si estoy leyendo en tus ojos que eres la Virgen del Carmen!

Rosalía. Pepe de mi vida,

tiemblo al escucharte.

Pepe. Si en mis brazos tiemblas,

¡qué ilusión más grande!

Rosalía. Que no cambies nunca.

Pepe. ¡Yo cambiar, mi vida!

Rosalía. Llévame contigo.

Pepe. Vente, palomica.

Los dos. Como los ruiseñores en la alameda yo cantaré, alma mía,

pa que sepas que dulces y amorosas son mis canciones, como las que gorjean

los ruiseñores. Desde mañana mismo, nuestro es el mundo, si vamos por las ferias cantando juntos este pregón: «Aquí llega el Riojano, vengan todos a comprarle; ¡pero lleva una alegría que no se la vende a nadie! Pero lleva una alegría, que es su género mejor, y no se la vende a nadie, ¡porque no vende su amor!

102

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

HABLADO SOBRE LA MUSICA

Rosalía. Pepe.

PlRANDELLO. SlDORO.

Rosalía. Sidoro.

Rosalía. Nicasia. Sidoro.

PlRANDELLO.

Pepe.

PlRANDELLO.

Nicasia. Sidoro. Nicasia. Sidoro. Nicasia. Sidoro.

¡ Pepe ! . . . Gracias, Pepe. Gracias a tí, mi alma. (Sacando un muñeco que aplaude.) ¡Viva la novia!

Por poco no me suelta el secretario. Abreles a esos.

(Va primero a la puerta de Nicasia.) ¡ Paso a la escamochez más ebúrnea del globo!

(Sale Nicasia,. rige a ella.)

Rosalía se di-

Gracias de verdá.

No hay de qué darlas.

(Abriendo la puerta a Pirandello.)

¡Avance el suegro más salao de

España !

(Saliendo con todos sus muñecos en las mp,nos.) ¡Vamos, hombre! También a usté se le dan las gra- cias.

No tié importancia. Yo, con saber

que este pueblo se llama Sotollano

y debían llamarle : «Precaución,

curva peligrosa»...

Vámonos de él cuanto antes.

¿ Eh ? ¿ Que te vas ?

¡ No, que no ! ¿ Aquí hay telégrafo ?

¡Anda, ya lo creo!

Pues ya te mandaré una postal.

Toma, un recuerdo.

(Le da el manojo de llaves.)

LA MOZA VIEJA

103

NlCASIA. SlDORO.

Pepe. Sidoro.

PlRANDELLO.

Sidoro.

PlRANDELLO.

Niño.

Sidoro.

Niño.

Sidoro.

Niño,

Sidoro.

Gracias, Sidoro. Y adiós. ¡Adiós!

(Van saliendo.)

Adiós, Sidoro. Vayan con Dios.

Y si otro año os interesa mi espec- táculo, me avisáis.

Güeno.

Y os lo daré por radio desde Bue- nos Aires.

(Mutis de todos, menos Si- doro, que se va hacia la izquier- da. El Niño de la Carambola asoma al ventanillo.)

¡Eh! ¡Maestro! ¿No hay una lla- ve pa mi ? Inglesa.

Abra usté o es cadáver. ¿Quién va a matarme? ¡Yo!

¿Tú? Me voy al corral.

(Mutis por la izquierda y telón rápido.)

FIN DE LA OBRA

104

ROMERO Y FERNANDEZ SHAW

OBRAS DE LOS MISMOS AUTORES

La canción del olvido, zarzuela en un acto, dividido en cuatro cuadros, música de José Serrano (6.a edición).

La sonata de Grieg, balada noruega en tres cuadros, música de Edvard Grieg.

Los fanfarrones, farsa lírica en un acto, música de Eduardo Granados.

Las delicias de Capua, zarzuela cómica en un acto, música de Ernesto Rosillo.

La serranilla, balada lírica en un acto, música de Er- nesto Rosillo.

La rubia del Far West, opereta en un acto, libro de Federico Romero y Luis Germán y música de Ernesto Rosillo.

Doña Francisquita, comedia lírica en tres actos, el ter- cero dividido en dos cuadros, música de Amadeo Vives (tercera edición).

El dictador, zarzuela en tres actos, el segundo dividido en dos cuadros, música de Rafael Millán.

La sombra del Pilar, zarzuela en dos actos, el segundo dividido en tres cuadros, música de Jacinto Guerrero.

Blancaflor, farsa lírica en tres actos, música de Juan Antonio Martínez.

El caserío, comedia lírica en tres actos, música de Je- sús Guridi.

La villana, zarzuela en tres actos, basada en la tragi- comedia de Lope de Vega, «Peribáñez y el Comendador de Ocáña», música de Amadeo Vives.

Las alondras, comedia lírica en dos actos, música de Jacinto Guerrero.

La Morería, zarzuela en tres actos, traducción y adapta- ción lírica de la obra «A Severa», de Julio Dantas, música de Rafael Millán.

Los flamencas, saínete lírico en dos actos, música de Amadeo Vives.

La Meiga, zarzuela en tres actos, música de Jesús Gu- ridi.

La rosa del azafrán, zarzuela en dos actos, música de Jacinto Guerrero.

La moza vieja, zarzuela en dos actos, música de Pablo Luna.

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES

CALLE DEL PRADO; 24

MADRID

Precio: TRES peseta